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Throw the pain away | Matt Langdon

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Throw the pain away | Matt Langdon

Mensaje por Alice Starkey el 16th Diciembre 2014, 9:39 pm

Atracones, atracones. No podía creer que aún los tenía luego de tanto tiempo controlando mi apetito. Sabía que debía bajar de peso, y eso era algo que me atormentaba día tras día. No soportaba verme al espejo y detestar la persona en la que me había convertido. Pero, ni al caso. Eso no era algo que le dejaría saber al mundo. Si bien podía ser reservada para unas cosas, para mis problemas también lo sería. Había devorado una paila entera de helado de chocolate tras una semana de sobrevivir solo con café negro y no estaba para nada orgullosa. Sentía que había defraudado todos mis esfuerzos e intentos por alcanzar la perfección; y no estaba dispuesta a perdonarme. ¿Qué me estaba pasando? Ya había optado por ignorar todos mis pensamientos auto-denigrantes, sin embargo este día me sentía de la patada. No sabía ni cuál era mi propósito en el mundo y, aunque estaba un tanto satisfecha con mis logros artísticos, no lo encontraba motivo suficiente para permanecer respirando.

Me dirigí al baño, luego de caer en una leve crisis emocional. Por Dios, ya tenía diecinueve años. Se me hacía inconcebible seguir pensando como una cría, mas no podía evitarlo. Fueron muchas las burlas, demasiadas las burlas y comentarios ofensivos que tuve que sobrellevar. Entré a uno de los cubículos una vez me cercioré de que no había nadie en el lugar y, sin preocuparme por juntar la cerradura de la puerta, la junté tras de mí y me senté en el retrete a pensar, simplemente a pensar: meditar. Quería hacer tantas cosas, lograr tantas cosas, pero, ¿para qué? Con eso no ganaría la aceptación de nadie. Era muy improbable que en algún momento conociera a uno de mis pintores favoritos y eso me entristecía sobremanera. Todo me entristecía. Este día era descomunalmente deprimente.

Una lágrima bajó por mi mejilla al tiempo que coreaba una canción de una reconocida artista a la que escuchaba a menudo:

Yeah I wish I’d been a, wish I’d been a teen, teen idle.
Wish I’d been a prom queen, fighting for the title.
Instead of being sixteen and burning up a bible,
Feeling super, super, super  suicidal.

Escuché un ruido, pero estaba tan sumida en mis pensamientos, que luego de finalizar la canción, cerré mis ojos y me paré frente al retrete donde estaba sentada anteriormente. Estaba dispuesta a devolver todo lo que me  había atragantado hace menos de media hora, ya no había vuelta atrás. Odiaba recurrir a ese método. Prefería simplemente evitar el consumo de alimentos, pero no quedaba otra salida. Posicioné dos dedos en mi lengua, y tras una respiración profunda intenté empujarlos a mi garganta. Un estruendoso sonido provino de mi boca, mas no logré mi cometido. Nada salió por mi orificio bucal, absolutamente nada. Por eso odiaba vomitar. No era un proceso fácil. ¡Joder! ¿Era esto una señal? ¿Debía intentarlo de nuevo, o…?


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Re: Throw the pain away | Matt Langdon

Mensaje por Matthew W. Langdon el 20th Diciembre 2014, 10:10 am

Ya había terminado mis clases, al igual que la mayoría de los alumnos de la universidad. Siempre me quedaba un rato por ahí merodeando sin sentido alguno para hacer tiempo. Me tenía que tomar la medicación y no quería que me viese nadie, pasaba de los comentarios curiosos típicos de “¿Qué se estará tomando?” o “¿Qué le pasará?” Ya tenía bastante con que me llamasen raro por andar siempre sin nadie a mi alrededor. Me encaminé hacia los baños de la primera planta porque, normalmente, eran los que menos gente tenían, y más siendo a esas horas.
No había sido un mal día, teniendo en cuenta que siempre me encontraba solo. Aquella semana se me había pasado bastante rápido y estaba deseando meterme en mi habitación y que el fin de semana comenzase para descansar y perderme en mis cosas. Sin duda era lo mejor.

Una vez llegado a mi destino me adentré en el baño de caballeros pero, para mi sorpresa, había un par de muchachos ahí hablando de quién sabe qué así que salí como quien no quiere la cosa y me apoyé sobre la pared que separaba las puertas de los baños de mujeres y caballeros. A la vista de que no había nadie y de que esos tipos se tirarían ahí un largo tiempo hablando de sus cosas, me dispuse a tomarme las pastillas allí mismo.
Pero entonces un sonido proveniente de los baños femeninos me hizo parar mi intento de tomarme la pastilla que ya tenía sobre mi mano derecha ¿Aquello había sido una arcada? Di un paso hacia el marco de la puerta y me asomé con disimulo para ver si había alguna chica allí. Pero no, allí no había nadie. Si no hubiera estado seguro de lo que había escuchado no me habría metido en esos baños; pero lo hice, y miré en cada uno de los servicios por la zona de abajo tratando de localizar a la supuesta muchacha. La verdad es que nadie me mandaba meterme allí pero mi instinto me decía que necesitaba ayudar a quien estuviese allí. Y así lo hice.

Una vez localicé los pies y piernas de la chica que se encontraba en uno de los baños, dejé el bote de las pastillas sobre uno de los lavabos y después con cuidado intenté abrir la puerta pudiendo comprobar que no había echado el cerrojo - ¿Ho- hola? ¿Necesitas ay… ? - pero entonces mis ojos pudieron observar lo que estaba ocurriendo allí. Vi como aquella chica rubia tenía los dedos sobre su garganta intentando provocarse el vómito. Muchas sensaciones invadieron mi cuerpo, me repugnaba ver aquella situación y sin duda me daba mucha rabia ¿Por qué estaba haciendo aquello? - Ey, ey, ey ¡Para! - cogí a la chica por el brazo tirando de ella de forma algo brusca consiguiendo ponerla en pie frente a mí para impedirla que siguiese con aquello - ¿¡Qué haces!? ¿¡Estás loca!? - estaba cabreado y mis palabras sonaron más fuertes y secas de lo normal. La saqué del servicio sosteniendo aún su brazo sin importarme lo que dijera o pensase - Eso no lo puedes hacer, joder. No está bien ¿Se puede saber en que narices piensas? - Yo no era de comportarme así pero no estaba de acuerdo con eso y aunque intentase controlarme sin duda no lo había conseguido.



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Re: Throw the pain away | Matt Langdon

Mensaje por Alice Starkey el 20th Diciembre 2014, 3:49 pm

Aún estaba intentando considerar mi decisión. No tenía idea de qué hacer, mas en el corto lapso de tiempo que intentaba descifrar lo que estaba correcto y lo que no, escuché una advertencia en un tono de voz rasposo -semi profundo- y sentí como me halaban por un brazo y me sacaban de la posición en la que me hallaba. ¿Qué mierdas estaba pasando? ¿Acaso había un varón en el baño de féminas? ¿Qué coños? Por un momento tuve bastante miedo, aunque no lo demostraría. Como siempre, me colocaría aquella máscara sobre el rostro que le impediría a los demás ver lo que verdaderamente ocurría dentro de mi ser. Una vez fui girada completamente y pude divisar a mi acompañante, quedé perpleja. ¿Quién era este chico? Estaba segura de haberlo visto antes, si bien sabía que era de Sirrah; mas jamás le había hablado.

Tenía muchísimas preguntas, una de ellas siendo: "¿Qué demonios hacía él en un baño para mujeres?". Y, otras de las interrogativas que persistían en mi mente eran: "¿Por qué? ¿Por qué se inmiscuía en mis asuntos? ¿Qué pensaba que estaba haciendo?". En fin, no comprendía para nada el motivo de su aparición repentina. ¿Qué haces? ¿Estás loca? me gritó. Y, antes de que pudiera responderle debidamente, el chico de cabellos dorados me sacó del servicio. Cuando estábamos fuera, escuché sus palabras y me quedé petrificada por unos segundos. Se veía demasiado enfadado, disgustado, completamente fuera de sus cabales. No tenía por qué reaccionar de la manera en la que lo estaba haciendo. No me conocía. Estaba bastante segura de que quizás ni siquiera me había visto antes, así que su preocupación no hacía ningún tipo de sentido.
A ver, tú. ¿Qué coños crees que haces? —inquirí al tiempo que me liberaba bruscamente de su agarre. —Primero que nada, esto no es asunto tuyo. No te conozco, no me conoces. Déjame en paz.

La última aseveración fue más una súplica que una exhortación. Quería estar sola, había recurrido a la tranquilidad de un baño desolado para estar en comunión con mi yo interno, y no tenía la intención de que un desconocido viniera a perturbar mi paz. Aunque, a decir verdad, no estaba en paz, jamás había estado en paz conmigo misma, pero ahora más que nunca me sentía descubierta: desnuda ante alguien que jamás debió presenciar lo que vio.

Necesito que te vayas, ¡ahora! —los latidos de mi corazón se agitaban, y mi tono de voz era agitado. Ni siquiera estaba viendo al intruso a los ojos, sabía que era de mi fraternidad y el color de su cabello, pero no estaba dispuesta a mirarle directamente al rostro, no quería distinguir sus facciones, no quería recordarlo ni que tuviera una imagen más clara de mi cara de la que tuvo hace unos segundos. —Y, por supuesto, que no le digas a nadie lo que has visto. A nadie –recalqué.

Me sentía tan avergonzada, podía sentir la sangre subir a mi rostro y ruborizarlo completamente. Maldición. Debía verme tan asquerosa, toda roja y con el rostro llena de pecas aleatorias en las mejillas. No quería que nadie me viera así, y no estaba lista para pretender ser la indiferente. Es más, tenía incluso ganas de llorar, así que me dispuse a entrar al baño nuevamente, ignorando completamente al rubio que había dejado fuera. Fui a uno de los lavabos y me miré al espejo, mis ojos brillaban, pero no lloraría. Oh, no. Nada de eso. El chico estaba afuera y no permitiría que entrara de nuevo y presenciara una de mis crisis emocionales. Todo esto aconteció sumamente rápido. Un segundo estaba mirando mis ojos brillar en el espejo, y al otro divisé un bote de pastillas que había sido abandonado a su suerte. Lo tomé rápidamente. Debía ser del chico de los cabellos dorados. Tomé el bote en la mano e intenté leer las instrucciones. MATTHEW W. LANGDON, decía en negrilla. ¿Nombre masculino? Definitivamente debía pertenecer al intruso, al entrometido, a aquel chico que había llegado al lugar menos indicado en el tiempo menos preciso.


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Re: Throw the pain away | Matt Langdon

Mensaje por Matthew W. Langdon el 22nd Diciembre 2014, 6:19 pm

Por supuesto mi comportamiento no había sido el mejor en esos casos pero, no me gustaba ver aquello. Todos teníamos problemas y no por eso íbamos haciéndonos daño como ella hacía. Porque sí, aunque ella no quisiera verlo se estaba haciendo daño. Intenté calmarme cuando ella me respondió de aquella manera tan brusca. Lo entendí porque yo la había tratado de la misma manera, sólo que en mi caso mis acciones eran para ayudar y sus palabras simplemente eran para echarme de aquel lugar y hacer como si no hubiera visto nada ¿De verdad pensaba que la dejaría allí?

Cuando conseguí tranquilizar mi impulso agresivo - que pensé que por un momento aquella chica haría emerger - noté que ella era de mi fraternidad. Casi todos nos reconocíamos por el físico, pero pocos habíamos llegado a entablar una conversación de más de seis o siete palabras. Este era mi caso con ella, ni siquiera sabía su nombre pero la reconocía. Ya la había visto alguna que otra vez rondar por allí - Es verdad, no me conoces. Pero me da igual ¿Sabes? Me importa poco no conocerte de nada, sólo sé que no quiero que hagas lo que hace un momento estabas haciendo ¿Lo entiendes? - pronuncié serio. Pero pareció no entenderme, pues la respuesta que obtuve fueron un montón de palabras iguales a las anteriores. Y esta vez ni siquiera se había atrevido a mirarme a la cara.

Me quedé callado observando el rostro de la chica; no estaba bien. Se veía que de un momento a otro caería y seguramente que por eso se olvidó de mí y entró de nuevo al servicio. Suspiré para calmarme cuando la chica desapareció por la puerta. “Vamos Matt, cálmate y pasa. Necesita ayuda”; me repetí varias veces. Sería complicado. Ya era bastante complicado para mí el controlarme ante situaciones que colmaban mi moral como para que la otra persona me lo pusiera más difícil aún.
Di varios golpes suaves a la puerta para avisar de que iba a entrar y no la pillase desprevenida como había hecho antes. Abrí la puerta con cuidado - O-oyes, perdona haber entrado de esa forma antes. - está vez mis palabras eran suaves, lo más suave que mi voz permitía que sonasen. Pero entonces vi mis pastillas en sus manos. Había sido tan idiota de dejármelas en los lavabos ¿Pero sabes qué? No me podría nervioso. No lo haría. Me dirigí a ella sin importarme lo que pensara sobre mi presencia en esos baños nuevamente y la cogí el bote de sus manos con rapidez, aunque con la máxima tranquilidad que en esa situación podía aparentar. - Esto es mío, gracias. - Ya eran dos personas las que sabían de mi problema allí. Era un inútil.

- No voy a dejarte sola. - sentencié - No me importa lo que puedas pensar de mí por estar aquí. Pero no soy tu enemigo, no voy a juzgarte ¿Lo has entendido? Quiero ayudarte. No quiero que vuelvas a hacer eso. - hice una pausa - Yo no contaré esto si tu no cuentas lo de mis pastillas por ahí ¿Entendido? - suspiré resignado. Porque sí; yo quería contárselo a alguien que supiera del tema. Ella necesitaba ayuda psicológica, y,sin duda, habría ido a alguien que la ayudase mejor de lo que pudiera ayudarla yo. Pero no quería que alguien más supiera de mis problemas y al parecer para ella era muy importante que no contase nada sobre lo suyo, así que esa me pareció la mejor opción además de que la tranquilizaría. No quería que ella me viese como el malo allí porque no la juzgaría - a pesar de que no me gustaban sus formas ni sus ataques - y sin duda la convencería de ello, costase lo que costase.



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Re: Throw the pain away | Matt Langdon

Mensaje por Alice Starkey el 22nd Diciembre 2014, 6:53 pm

Con el bote de pastilla en manos me sentía confundida. Muchas ideas ilógicas atravesaron mi mente, mas hice caso omiso de ellas. No era el momento de pensar cómo terminar con mi vida. ¿Cuántas veces había estado de esa manera: en un baño, con un bote de pastillas en mano? Sin duda, habían sido muchas las ocasiones, sin embargo jamás había hecho nada, por tonta, por cobarde. Escuché que tocaban ligeramente a la puerta y presté especial atención a la disculpa que me ofreció quien asumí se llamaba Matthew. Suspiré, aún con las pastillas en mano y me dispuse a calmarme; se había disculpado, y sin duda alguna el muchacho que entraba por la puerta al momento era un individuo más pasivo y mucho menos cabreado que el que me había prácticamente sacudido a la realidad hace par de minutos. Esto es mío, gracias; me dijo, refiriéndose al bote de pastillas y las tomó. Según lo que pude leer eran para ¿bipolaridad? Pude haberme equivocado. No estaba segura, pero eso es lo que había leído, y si era cierto, Matt tenía muy buenas razones para no despegarse de ellas por nada en el mundo.

Mientras el joven de los rulos dorados comenzaba a decir las próximas palabras, a las que presté mucha atención, me quedé ligeramente embelesada por su perfección. ¿Quién demonios era? ¿Adonis? Jamás había visto a una persona tan… tan… Daba igual. No podía quedarme admirando su físico en mi condición, no valía la pena. Igual, era de esperarse. Siempre admiraba a todas las personas y las opiniones negativas me las reservaba para mi propia conducta y cuerpo, no eran muchas las veces que tenía algo negativo que decir de la apariencia de otra persona, pero de mí, ¡uf! ahí sí no paraba. Esperé que finalizara de hablar para tomar una profunda respiración y mirar a la pared. No estaba cabreada, mas tenía que aparentar estarlo. No quería dejar ver mi fragilidad, no quería que aquel individuo pensara que estaba destruida por dentro. Nadie debía saberlo. Nadie.

No… no le contaré a nadie de lo tuyo —balbuceé levemente. Podía sentir mi timidez salir a flote. No quería hablarle, no quería estar con nadie al momento. Solo quería deshacerme de la comida que había ingerido y salir, salir del baño para tomar una prolongada siesta de la cual no pudiera despertar. —Y, no te preocupes. No tienes que quedarte conmigo. No soy una niña. Estoy bien, y, no quiero que nadie me ayude —mis ojos brillaban de nuevo —Nadie tiene que hacerlo, a nadie debo importarle. Y ya, he hablado demasiado. Así que, es mejor que me vaya. —me volteé para verle, pues estuve observando a la pared adyacente todo ese tiempo, mas cambié la vista inmediatamente pude ver sus facciones perfectas nuevamente. Los chicos lindos no deberían existir. Maldición. Ser indiferente con ellos era el infierno. — Y tú no deberías dejar tu medicación por ahí… muchas de esas pastillas son muy caras. —. Dice la chica que dejó de tomarse todos sus antidepresivos y los echaba por el retrete, porque le dio la gana.


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Re: Throw the pain away | Matt Langdon

Mensaje por Matthew W. Langdon el 26th Diciembre 2014, 9:46 am

No creía que la chica cediera a no contar todo de una forma tan sencilla, pero lo hizo. Aunque seguramente fue más por el hecho de que contaría sus “problemas” si no me mantenía en silencio. Por un momento pensé que la chica había cambiado de actitud, pero me equivoqué. Sus siguientes palabras me demostraron que aquella muchacha que me había encontrado hace un momento era la misma. Y lo peor es que se notaba que estaba mal, no podía disimularlo por mucho que quisiera, y eso lo podía ver hasta yo.

Suspiré mientras ella hablaba de que no era una niña y esas típicas cosas que todos decíamos cuando queríamos hacernos los fuertes - Ya sé que no eres una niña, a la vista está que no lo eres. - dije tranquilo a pesar de que no me mirase - Y sí, me preocupo por ti. Quiero ayudarte y no sé cuanta gente más lo hará. Seguro que más de la que te imaginas, pero eso me da igual. - mi sinceridad como siempre salía a la luz en momentos como aquellos - No vas a conseguir que te deje sólo con decirme que a nadie le importas. Ni siquiera sabes si a mí, por ejemplo, me importas. - porque era cierto, a mí me importaba aquella chica, no quería que sufriera de esa manera. Era demasiado para soportar sola. Y cualquier persona que yo me hubiera encontrado de esa manera me hubiera importado. Aunque ella me lo estaba poniendo más complicado, sin duda.

Por fin se dio la vuelta y pude verla bien el rostro. No me gustaba hablar a la espalda de las personas, la verdad, y había echo un gran esfuerzo por aguantarme las ganas de decirla que se me mirase mientras la estaba hablando. Pero con ella no podía. Sentía la necesidad de tratarla con cuidado, porque tenía la sensación de que si sacaba mi comportamiento frío que normalmente tenía, se rompería. Y sería por mi culpa. - Bueno, las he dejado ahí para ayudarte. Supongo que me importas más que estas pastillas tan caras. - hice énfasis en la última frase. Quería que notase que estaba preocupado por ella y aunque eso de las pastillas me lo hubiera tomado de una forma bastante peor y la habría contestado más bruscamente, hice el esfuerzo por parecer sereno. Era cabezota la chica, para que mentir, y parecía que sólo tenía punzadas para dar a los demás.
Pero no quería que se marchase aún, no parecía estar bien y tenía miedo de que volviese a intentar vomitar en otro lado. Así que intenté retenerla - No te marches aún. No tienes buena cara, espera a que te mejores un poco. No creo que entren más personas aquí. - no era una buena excusa pero esperaba que me hiciese caso, no quería estar siguiéndola como si fuese un perro guardián para que no hiciese alguna otra locura. Porque sería imposible - ¿Cómo te llamas? - me apoyé sobre el lavabo y esperé a que ella me respondiese, si la primera opción no funcionaba para mantenla allí al menos esa si tenía que funcionar.



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