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El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

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El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

Mensaje por J. Harmonie Lawrence el 3rd Diciembre 2014, 4:08 pm

Mirada perdida, los orbes azules como el mal traicionaban una vez a la parte consiente de la rubia que caminaba como si fuera inercia pura lo que la dominara hacia un punto que ni ella misma podía descifrar. A simple vista el color azul era suave, delicado, pero vamos, era Harmonie Lawrence, o Juliette Lawrence, cualquiera de los dos llevaba al mismo camino y no hacía falta conocerla demasiado para saber que la chica era todo menos una fina escultura de hielo; irrompible y delicada. La fuerza siempre iba de la mano con ella, en sus pasos, en su actitud, en sus fríos comentarios, pero sorpresivamente ese día la había abandonado de la manera más abrupta, dejándola en medio de arenas movedizas que no cesaban por muy quieta que se mantuviera. Lo que flotaba sobre el suelo era un espectro, uno que no expresaba emociones, que respiraba porque sabía que moriría si no lo hacía, que caminaba porque no se iba a quedar en su departamento lleno de troneras de aguas sucias, que había logrado no chocar porque ya era parte de sus reflejos encender la motocicleta de la que tanto se jactaba. Había perdido los motivos más allá de la necesidad.
 
Contratar a un detective fue la mejor opción, ella no podría hacer todo sola, mucho menos teniendo que buscar dinero a diario y estudiar si quería que sus piezas fueran escuchadas en el mundo. Alfred Payne era un hombre silencioso, alto, le llevaba unos treinta años o menos, era excelente en lo que hacía y la buena paga que disminuyó los ahorros que sus padres tenían para ella funcionó en cuanto vio avances en solo un par de semanas que llevaba en Londres. Su misión era simple; encontrar a los verdaderos padres de Julie. Quizás el anhelo de la muchacha fuera desbordante, no sería normal si no, pero cada vez que una nueva pista llegaba, cada vez que veía un mensaje con el remitente del detective su cuerpo se erizaba, su tono de piel se tornaba pálido, enfermo, parte de la vida misma se iba de sus manos. Esa tarde fue similar, el detective la citó en el mismo bar de siempre, Harmonie no quería pistas pequeñas, quería algo grande, algo que la ayudara, sin embargo nunca se planteó cuan preparada estaría para recibir algo así. Lo que tuvo en sus manos por un par de horas, hasta que recordó que sabía respirar, fue la foto de una mujer rubia, parecida a ella, joven, hermosa, delineaba sus ojos con líneas oscuras, sus labios brillaban con un fuerte color carmín, tenía varios aretes y el cabello estaba dañado por excesivo uso de tinte, sus ojos; azules. Se trataba de Quinn Hamilton, su madre.
 
Era una bomba de tiempo su estancia en el bar, Harmonie guardó el documento en su bolso desgastado y salió corriendo, el detective entendió el asunto y solo sonrió, orgulloso de su trabajo. Cada calle, cada bloque era un martirio, quería llegar, sabía que tendría que quedarse en la universidad era lógico después de todo, su casa estaba vuelta un desastre y tardarían en reparar el asunto, sin embargo no podría estar entre cuatro paredes, no por su bien mental. La rubia estaciona y baja con una prisa exagerada en medio de las sombras, nadie la ve, nadie la siente aunque las botas resuenan irrumpiendo la paz que debía ser. Harmonie sube hasta la planta superior, era de esperarse que la piscina estuviera sola, ningún mortal estaría a esa hora en medio de las aguas. La muchacha no pierde tiempo, deja caer sus cosas que resuenan en el suelo y sin pudor alguno se quita las botas, sus calcetas, un jean ajustado y la camiseta, ata sus cabellos en un recogido alto y solo con la lencería oscura se lanza a lo profundo de la piscina. Mueve sus manos, sus pies, con fuerza, con velocidad, una que hizo que cada músculo doliera y reclamara por mayor sutileza, no le importaba, no le importaba nada. Quizás tendría que recorrer diez veces la extensión de ese lugar, pero obedecería gustosa si el esfuerzo físico la apartaba de una vez de la imagen de aquella fotografía que la miraba a los ojos con fijeza, con dureza, la dureza de una madre que nunca la quiso.


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Re: El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

Mensaje por Theo V. Veldeke el 8th Diciembre 2014, 1:29 am

Ah, el amargo bullicio juvenil, la alegría noctívaga rompiendo sus sentidos, sus casillas, Theo jamás sería un habitante bienaventurado en los escenarios de entretenimiento superficial, con luces de neón y bebidas de colores bailando de mano en mano, formaba parte de la hermandad de la barra, la que deslizaba billetes sin pudor alguno, el que no se molestaba en dejar claro el poderío económico de su bolsillo pese a su corta edad, ¿heredero de qué? ¡Fortunas inquebrantables y nostalgias nocturnas! Era una noche donde el cráneo le ardía, donde le temblaban las extremidades en ansiedad, donde una gota de sudor recorría su piel de cadáver y parecía estar a punto de dejar que su volatilidad emerja hasta tocar los márgenes permitidos. Entonces escapó de la asfixiante sala de tortura, llena de fotografías, mensajes compartidos con el hogar, y la dulce voz de su hermana al otro lado de la línea preguntando qué haría para divertirse en el momento que la noche caiga, entonces se llenó de dudas e incógnitas, no tenía réplica decente para ofrecer, sería otra de las noches horas perdidas, y de no ser por la motivación de aquella criatura llena de luz, él no estaría ahí.

Agradecía encontrarse en ese bar, era quizá uno de los pocos sitios que aún no se teñían en la víspera navideña, no había insoportable decoración, capitalismo de regalos por cada esquina, sólo aroma a cigarrillo y hormonas alteradas, se llevó a los labios el traslúcido vaso; el whisky escocés siempre sería de sus predilectos a la hora de elegir qué beber, sin acompañantes ni secundarios, en un vaso con dos hielos y quemando la garganta, se deleitaba con las gotas cayendo a través de su paladar, llevaba tres vasos, en el segundo descansaban las cenizas del cilindro de nicotina consumido, la mirada acusadora del empleado se perdió con una propina bastante favorable, todavía no cumplía su objetivo tan sediento; adormilar su espíritu, ese que iba en espiral constante y de vez en cuando se escondía en rutina vacilante. Pidió otro, y no soportó entonces las uñas de una fémina interrumpiendo su soledad ambigua, buscando un contacto social con un cuerpo que hoy carecía de ganas de todo, le dedicó una mirada, y sus garras atraparon el cuarto trago, despidiéndose con ese talento heredado de su padre; esa sensación extraña colgándose por tus costillas, recorriendo tu cuello, envenenando cada confín de tu anatomía; te sientes inferior y hay efectos lacrimógenos incluidos. Era notablemente patético, pero Theo se sentía casi orgulloso del cumplimiento de su promesa con su hermana menor, seguramente le dedicaría la mejor de sus sonrisas si supiera.

¡Si supiera!, de las noches de insomnio, de las ojeras carcomiendo su ser, de la garganta desértica, de su cuerpo rogando, sufriendo, si supiera el mes de tortura que tuvo que pasar, este malestar tan obligatorio ante un abismo para el consumo se escondería en falacias, por supuesto. A dónde ir, cómo ignorar cada mirada de su cuerpo moviéndose con desinterés y desgano, encendiendo un cigarro más, las horas parecían caminar más lento que las noches anteriores en el encierro del dormitorio, en la distracción de Artaud o semejantes, existía, notablemente, una gota de arrepentimiento ante su impulso de ponerse ropa y salir de la celda de castigo de su propiedad y decisión. Los ojos vislumbraron (y, acto seguido, contemplaron) a la fémina moviéndose con salvajismo en la lágrima brillante de agua, se quedó parado, había logrado sacar la botella de las manos del dueño y ahora parecía ser el fantasma de un lobo alcohólico (pero estaba más que sobrio)—Me temo que no es muy profunda como para lograr ahogarte. —soltó, relamiendo las gotas de licor y, acto seguido,dándole una calada al cigarro, entonces se acercó más, y dobló sus rodillas, contacto visual con la blonda de mirada celestial y facciones de ángel con cuernos, la conocía, la conocía y no entendía cómo se encontraban así y ahí. Sin decir más nada le ofreció uno de los cigarros que sobresalían del paquete, taciturno al moverse y en su silencio.


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Theo V. Veldeke
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Re: El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

Mensaje por J. Harmonie Lawrence el 8th Diciembre 2014, 3:26 pm

Estaba completamente oxidada en lo que se refiere al nado, de pequeña recordaba lo mucho que iba con su padre adoptivo a las piscinas y nadaba por horas, una de las tantas cosas que tuvo que hacer para aumentar sus talentos pero que, como era evidente, no disfrutaba, por lo menos no tanto como la música. Ir a la alberca fue divertido hasta cierto punto, cuando creció descubrió que lo suyo era más estar cerca de una guitarra y de unos audífonos que nadar haciendo figuras “femeninas como si fueran diosas” o eso decía su insistente profesor que, ya de niña, le parecía una persona exasperante. No recordaba cual había sido la última vez que había hecho algo parecido pero el dolor de sus brazos le reclamaba que debía parar, solo que la presión en lugar de detenerla parecía impulsarla a seguir, de todos modos era el recordatorio de que seguía viva y que esa foto no había afectado en lo absoluto su rutina. ¡Cuán mentirosa podía llegar a ser! Solo que las palabras no la delataban ni lo harían nunca, mientras ella pudiera ponerse la máscara y darle credibilidad lo haría. No se detenía, solo para respirar, sabía la táctica adecuada para no dejar que el agua entrara en sus pulmones, solo se veía la melena rubia salir del agua y el cuerpo delicado moviéndose rápidamente, solo resaltaba el color oscuro de las prendas que la cubrían, en su mente rogaba que las interrupciones se abstuvieran, no soportaría tener que dar explicaciones, menos a profesores ya que a los estudiantes los podía manejar a su antojo y seguramente un día como aquel no sentiría remordimiento.

Había excedido un poco su capacidad y si no se detenía probablemente no podría practicar al día siguiente para el evento de recaudación de fondos, algo a lo que se había apuntado por una razón que no tenía del todo clara, seguramente por algún comentario de Tyler, disminuye las brazadas y alza su rostro colocando sus cabellos hacia atrás con sus manos, quitando el exceso de agua de su rostro mientras respiraba de manera agitada, luego de tantas gaseosas, comida chatarra o simplemente falta de alimentación no tenía el motor suficiente para rendir más ese día, agradecía que las prácticas se hubieran suspendido momentáneamente y que su abdomen no se hinchara luego de tantas porquerías a las que muchos llamaban “comida”. Iba a salir cuando escuchó una voz que hizo que volteara de inmediato sin dar chance a que imaginara quien podría haberla interrumpido. Desde luego pudo relajarse un poco más cuando notó de quien se trataba; pálido, unas visibles ojeras, alto y de complexión media, cada vez que veía a Theo podía notar el desgaste físico y emocional en el que vivía, afortunadamente él no la había dejado preocuparse lo suficiente y Harmonie no insistía en ello. —No te daría ese gusto, lamento decepcionarte—. Aún en el agua se acerca al borde opuesto en que está y apoya sus brazos húmedos y su rostro en la cerámica externa que rodeaba la piscina. —¿No puedes dormir, pequeño?

Asiente, aceptaba su propuesta pero primero apoyó todo su peso en sus manos y salió del agua dejando un pequeño charco a su alrededor, se sienta a su lado pero manteniendo distancia para no llenarlo de agua, aún tiene sus manos frías y húmedas cuando toma el cigarrillo y hace ademán de necesitar su encendedor para sumar un poco más de cáncer a su futuro si seguía como iba. —Vale, tengo el mío en el bolso—. Y sus cosas estaban a una distancia considerable, agradecía la calefacción del sitio, de otro modo ya su piel estaría erizada y ella cerca de un resfriado.

No le molestaba estar así frente a Theo, y las personas en general, no solo porque no se avergonzaba de lo que era, Harmonie era hermosa, radiante, llena de energía y sensualidad, ella lo sabía, pero más que todo porque no creía en complejos, le parecía absurdo, y al chico lo conocía bastante bien como para no tener que cubrirse o sonrojarse seguramente como haría cualquier señorita de la sociedad inglesa. —Sabes que si quieres verme puedes pasarme un mensaje, no está bien seguir a las personas—. Comenta con un tono de precaución perfectamente fingido para luego dejar salir una risa musical.


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Re: El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

Mensaje por Theo V. Veldeke el 11th Diciembre 2014, 10:00 pm

Una melodía suave se desprendió desde la base de la botella, mientras descansaba con total anhelo de consumo a su lado, seguramente saciaría aquella plegaria en sorbos extensos, su relación con el alcohol era envidiable, era un mundano más si hablamos de resistencia, mas existía una costumbre religiosa con algunos tragos en especial, el aprendizaje paternal sacaba sus frutos en detalles casi invisibles, aunque estaba lejos de un estado lejano a la sobriedad, sabía mejor que nadie las consecuencias que el alcohol corriendo por sus venas podía tener; errores que en su momento son divinidades, la oportunidad más hermosa, ¿pero en el alba? ¡El arrepentimiento y la conciencia! Ah, segundos de deseos de bajar el descontrol de su boca y las gotas desperdiciadas por su garganta.

El aura que deshojaba su cuerpo era de gran porcentaje natural, en la sangre estaba esa esencia de piel de muerto, quizá hasta siguiendo estereotipos de los habitantes de tierras frías como la alemana, pero se potenciaba en los Veldeke, era como ver un fantasma saliendo de la tumba, con una brillante sonrisa y atesorando memorias, pálido hasta la médula, cabellos algo despeinados, pero limpios, limpios por fuera para que no noten la mugre interior. Suspiró con casi pesadez, por su cabeza viajaban hilos sin conexión ni integridad, inclusive los más estúpidos (de baja monta e interés verdadero), como la entrega de un proyecto para una de sus asignaturas, una de las salvaciones más importantes de su cabeza (pese a su estado desorbitado y obnubilado) era su velocidad para la inmortalidad de aprendizaje en términos, un promedio muy bueno era la consecuencia de una elección libre de la aceptación familiar, entregarse a las ciencias políticas como carrera hubiese sido otro error mortal— No serías la primera. —sonrió, y esa era su encanto, las palabras huidas con tanta tranquilidad y puertas amargas abiertas, la liberación de profundidades disfrazadas en vacío— Una verdadera lástima, la muerte de los ahogados cuenta con cierta belleza, ¿no crees? La cara de disfrute de las víctimas tiene un no sé qué. —soltó, humedeciéndose su labio superior y, a continuación, la dispositiva de imágenes observadas en sesiones artísticas del mencionado índole de tragedia humana en su cabeza de manera efímera.

Correcto, veo que estás en llamas, Sherlock. —bromeó un poco, chasqueando su lengua con ese deje irónico que jamás se despedía de su vocabulario,mas era también la confianza que se tenía con la fémina la que le permitía soltar ese tipo de dichos o comentarios. La punta del cigarro tomó un color naranja y rojo en mezclas incontrolables, el humo liberado pareció jamás saciar o desaparecer, y amenazaba con tirarse de lleno a la hermosa piscina, entrecerró sus ojos notando su desconsideración y poca atención a la hora de observar a su acompañante, al final, como es usual, ni se esforzó en concluir el favor, inclusive algo tan banal y pequeño como un mechero (que quería suponer descansaba en su bolsillo)— Lo hago porque me gusta, la cara de asesino en serie la tengo, por ende realizar este tipo de tareas se me da de maravillas. —respondió, con el fantasma de la sonrisa tomando posesión de su rostro. Se secó entonces el rastro de gotas de licor con el dedo pulgar, consecuencias de un sorbo y, acto seguido, ofrece el elixir al poder de la boca ajena— Lo del mensaje es tan simple y acostumbrado, ¿no son más entretenidos los encuentros inesperados, uh? —cuestionó, con una de sus cejas levantadas— Sé que te encanta, no digas nada. —un suspiro adornó sus palabras— ¿Está linda el agua al menos?


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Re: El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

Mensaje por J. Harmonie Lawrence el 12th Diciembre 2014, 3:40 pm

¿Qué los unía?, nada, a simple vista era evidente que dos seres no podían ser más diferentes. Si bien la vida les importaba muy poco, o la llevaban a la ligera, nada más podría crear un nexo entre ellos, no a simple vista. Sin embargo ahí estaban, desde no poder tolerarse o simplemente ignorar al otro, pasando por un desliz del que muy pocos detalles contaba a la rubia a una “amistad”, si, porque Harmonie no creía en amigos, creía en seres leales, pero con Theo todavía no lograba entender, no sabía que cauce los guiaba y hasta qué punto irían, pero mientras se mantuviera de esa manera podría tolerarlo. Solo ella sabía cómo aguantaba al espectro de ojos misteriosos y no le interesaba entender como él tenía la paciencia suficiente para soportar hablar con la rubia; audaz, expresiva, que no le importaba que dijeran otros, y quizás ese fuera el punto, que no les importaba que muchos tuvieran en interrogante su unión mientras para ellos eso tampoco fuera un problema. El humor de Theo era… oscuro, mucho, quizás el matiz del negro fuera poco para expresar las sensaciones que producían en las personas de mente débil los comentarios del chico, ella lo había visto y le causaba gracia; temor, sorpresa, intimidación, nadie toleraba tanta sinceridad y menos con ese toque de ironía que le daba cierto color especial. A veces ni la misma rubia podía con ello pero no tenía más opción que rodar sus ojos y seguir con la vida. —¿Honestamente?, no me dedico a detallar esas cosas pero te prometo que si llego a verlo algún día le pondré atención por ti y te diré que despertó eso en mi, a menos que sea yo, en ese caso puedes olvidarlo—. Se encoge de hombros como si ni ella misma creyera esa promesa. Julie se da cuenta de la falta de interés en hacerle el favor así que rueda sus ojos azules y chasquea la lengua mientras se levanta. —Eres desesperante—. Pero él ya lo sabía así que la rubia camina dejando que las gotas marquen el camino, con cuidado toma el sobre amarillo, su encendedor con una desgastada bandera de Norteamérica y el cigarrillo que reposaba en su mano. Claramente no tenía toalla así que supone que deberá esperar a que la ropa se seque un poco por si sola. Nuevamente llega y se sienta flexionando sus piernas a un lado del muchacho.

Harmonie rie por sus palabras, desde luego ya escuchadas, estaba de acuerdo y no hacía falta que le diera la razón. —Menos mal que estas consiente de tus muchas virtudes, cariño—. Comenta con una sonrisa un tanto sarcástica mientras alzaba en un arco perfecto sus cejas. Harmonie enciende el cigarrillo sin ninguna dificultad aparente, deja el encendedor a un lado mientras da una calada y el humo sale de sus labios finos y sonrosados, como si ya estuviera acostumbrado a hacerlo. Con su mano libre toma la botella y antes de responder da un sorbo, no demasiado pero tampoco pequeño, lo suficiente para que el licor queme su garganta y la despierte del todo, una sensación placentera y que disfrutaba. Deja la botella entre ambos y asiente. —Las cosas más divertidas resultan sin ser planeadas, aunque seguramente hubieras rebotado mis mensajes—. No eran amigos de los que tachaban sus nombres en árboles, tampoco los que compartían brazaletes o tenían un icono especial en el contacto telefónico, nada de eso aplicaba por lo tanto los opuestos eran la única manera de describir a ese par de adolescentes.  Harmonie mueve la cabeza frunciendo los labios, como si dijera que el término del agua estaba en un punto medio. —Es una de las pocas cosas que hacen bien en este sitio, no está mal, si quieres aclararte un poco puedes darte un chapuzón, no te sentaría mal antes de que te equivoques de habitación—. Comenta, siguiendo con lo suyo mientras sacude los residuos a un lado, los mismos caen en el suelo  y se pierden en el charco que ella misma creó al sentarse.

Harmonie se acuerda del sobre, lo había dejado a sus espaldas y a estas alturas el borde inferior derecho estaba mojado, chasquea los dedos y con una sola mano maniobra, apoyando el folio entre su busto y sus piernas para que la abertura se abriera y ella pudiera sacar la foto de la imponente mujer rubia de ojos claros, igual a ella, solo que con algunos años. Los rasgos de Juliette eran más finos, los de la dama parecían haberse puesto toscos con el paso del tiempo o el esfuerzo por subsistir en una vida mundana.  —Te presento a mi linda madre—. Una noche de copas o en un bar en medio de la música, Harmonie no pudo evitar hablarle de su familia, no con nostalgia pero si con la suficiente carga de sarcasmo y rencor. —¿No es una hermosura?—. Ella pone el retrato a un lado de su rostro perfilado y ladea la cara, sus cabellos mojados caen por un hombro, la mujer de la foto tenía la melena un tanto más corta, pero ni en sus sueños se podía negar el parentesco, aunque Quinn negó más que eso cuando tuvo a la chica.


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Re: El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

Mensaje por Theo V. Veldeke el 14th Diciembre 2014, 8:55 pm

La sinfonía de una carcajada fue real, la portadora de cabellos áureos era una de las pocas capaces de desprender ese tipo de gesto por parte del alemán, era su amargura que imposibilitaba siempre la convocatoria de risas o comentarios completamente gentiles, pero respuestas como aquellas, momentos como aquellos y miradas de aquel índole lograban mover fibras en él, místicas e innombrables, se sentía hasta cómodo en compañía de ella, obnubilado en sus problemáticas quizá sería diferente, mas el historial de escenarios compartidos cincelaba una salvación para la joven y un cargo menor para él— Tan amable que siempre eres, uh—pausó, con el sarcasmo deslizándose a través de la labia de acento europeo, le dio una calada al cigarro, la tentadora laguna artificial recibiendo segundos de su atención—, si la situación es letal para ti, me lo cuentas del otro lado. —añadió, notablemente burlón, ni siquiera era un creyente de la posibilidad de vida después del fallecimiento y el último respiro— Tú y yo al infierno, boleto asegurado. —como si fuese la noticia más esperada, sonrió, borrando el gesto en poco tiempo.  Arder en la prometida tierra de los pecadores eran las predicciones que cualquier religioso podía otorgarle, seguramente.

Mejor que nadie. —encogió sus hombros con un aire egocéntrico aterrizando en su semblante, sabía muy bien de las consecuencias de su apariencia sombría, las facciones gélidas como el mismo clima actual, la lengua viperina y peligrosa, los arcos violáceos bajo sus infinidades verdosas, las amenazas en idioma disfrazado y una fama involuntario recaía en la ardua tarea inmortalizar una reputación demasiado exagerada para su gusto— Veo que eres una detallista, sí, quizá lo hubiese hecho. —se sinceró, elevó sus dos hombros—, aunque te podría sorprender, esta noche he estado muy aburrido, y soy de los que toma medidas desesperadas de vez en cuando.—ácido, sonríe. Uno de los pocos contactos en su agenda, uno de los teléfonos recientes, tenía un puesto predilecto— ¿De verdad me tienes tan poca confianza y me ves en un final de noche tan pesimista? Ah, por favor, si me equivoco de dormitorio ojalá sea alguno poblado por alguien decente. —musitó, con un deje bromista endulzando sus palabras. En los juicios muy descriptivos y sombríos de la mente del muchacho existía un notable bache de criaturas que valgan la pena o minutos de verdadera conversación. Se llevó la botella a los labios, el metal golpetea contra sus dientes y, finalmente el elixir dorado cae por su garganta, incendiando los laterales a su paso, el final es, como siempre, delicioso.

No sólo lograba despertar la faceta más cálida de su humor, también preocupación y curiosidad, la misma destella a través de sus infinidades oliva, lentamente mueve un poco su cuello, teniendo mejor acceso visual a las manos femeninas— Pues... son parecidas. —arrastra un poco el veredicto de sus palabras, contemplando con atención la fotografía, pausa— No lo entiendo, ¿por qué el sobre y llevarlo contigo en una noche así? —cuestionó, con sus cejas suavemente alzadas, entonces las piezas cobran forma y sentido— Logró aclararte, ¿uh? El chapuzón, digo.


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Re: El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

Mensaje por J. Harmonie Lawrence el 14th Diciembre 2014, 10:18 pm

Theo era una de las personas que, en definitiva, lograban sacar lo mejor y lo peor de ella. Comenzaron por la segunda categoría, Harmonie no fue extremista, por lo menos no demasiado, no lo odiaba pero el muchacho si lograba exasperarla y desear golpearlo cada vez que abría su boca y derramaba insultos, sarcasmos y un evidente aroma a nicotina y alcohol que aprendió a llevar con el tiempo, eran de la misma calaña solo el género los separaba y Harmonie más de una vez estuvo por saltar se protocolo, finalmente dejó de importarle y luego de un desliz que prefería mantener en el olvido aprendió que era mejor unirse al enemigo en sus términos, y claramente en sus términos porque Theo y ella jamás serían un par de amigos normales que tachan sus nombres en las libretas con un “para toda la vida”. ¿Lo mejor? Quizás fuera su sentido de la calma, una conversación normal y un interés más allá de lo necesario, privilegios de los que no gozaban todos los que tenían la oportunidad de mezclarse con la joven de cabellos de oro, ojos azules y curvas bien definidas. —Que lindo detalle saber que soy tu medida desesperada, cariño—. Comenta con una sonrisa irónica aunque a la vez le daba gracia el comentario, suelta una carcajada y ladea su rostro, sur orbes se pierden en un punto indefinido del lugar. —Suerte con ello, a muchos no les gusta dormir al lado de un ebrio, mucho menos a los delicados que habitan esta universidad.

El comentario del chico fue suficiente para saber que estaba prestando atención a lo que decía y Harmonie no necesitaba más, incluso mientras hablaba logró dar otra calada al cigarrillo que parecía degradarse más rápido de lo habitual, y eso que no le estaba dando la desesperación necesaria, no la que comió su pecho durante todo el día. —Vale, que yo pensaba que era más guapa—. El chiste le sale amargo, sin gracia, quiere comentarlo con fuerza e ironía pero no le sale, al contrario, deja la foto a sus espaldas sobre el sobre y sigue en lo suyo mientras mueve su rostro de un lado a otro como si dijera ”Mas o menos”. —El detective me la entregó hoy, pensaba que iba a encontrar algo pero no tan… claro, por lo menos ya sé quién es, es decir, ya tengo su rostro, el rostro de la chiquilla rebelde que se convirtió en rocker y decidió tatuarse para darle la espalda a un buen apellido porque se enamoró de un chico que no tenía donde caerse muerto—. Retiene la nicotina que sale de sus labios, sus ojos están perdidos y mantiene sus piernas flexionadas, poco a poco las gotas dejan de caer y la ropa se adhiere a su piel, estaba empezando a secarse y eso solo la amargaba, no quería regresar a la habitación. —Claro, ahora solo me falta saber donde trabaja y esas cosas, no creo que termine por ir, sí, soy cobarde en eso pero, ¿qué más da?, la muy maldita me dejo en una puerta—. Sentencia con una sonrisa mientras humedece sus labios para meter el cigarrillo entre los mismos y seguir con mayor velocidad, haciendo lo mismo y dejando los residuos a un lado. —Pero si, el chapuzón ayudó un poco, por lo menos a saber que no haré nada por ahora, tengo otras ocupaciones, como ganar dinero para reparar mi departamento, no reprobar aunque este en la línea de fuego y terminar de componer algunas canciones, como lo ves… muy ocupada.

Chasquea la lengua y termina por apagar el cigarrillo antes de que este llegue a un punto intocable, toma la botella y da otro sorbo que parece no arder tanto, por lo menos porque era inferior al anterior. Estira una de sus manos y roza casi despeinando la cabellera de su amigo para luego soltar un suspiro y tenderse un poco sobre sus codos con las piernas aún flexionadas. —Aunque juraría que tu vida ha sido más interesante estos días que la mía, vamos, dime que si, por lo menos lo suficiente para que haya tenido que salir del agua cuando llegaste, mira que si muero de hipotermia cargarás con la culpa. O con mi rostro entre tus fantasías de muerte, aunque seguro sería el mejor de todos.


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Re: El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

Mensaje por Theo V. Veldeke el 15th Diciembre 2014, 7:00 pm

Las luces artificiales iluminaban las facciones de cada uno, por un lado, las delicadas líneas y curvas cinceladas en su piel crema y, por otro, la palidez masculina intocable, las horas junto a Harmonie se movían sin rastro ni pista, era fácil perderse en la devolución de sus astutas respuestas e ilógicas temáticas de conversación, el venerado sarcasmo y la clara anomalía presente en su relación— Me imagino que debe ser todo un honor, me imagino. —pronunció, con la comisura derecha de su boca dando lugar a una ligera sonrisa. Sacando el lado bromista de la situación, existía una verdadera carga de sinceridad en su labia, la blonda era una de las tentadoras opciones (quizá una de las pocas o única) donde descargarse a la hora de encontrar aburrimiento a cualquier hora o momento, pero el adjetivo desesperado no era más que un misil lleno de burla insaciable— ¿No es el sueño de la juventud dormir con el aliento de un alcohólico golpeando en el cuello? Qué decepción—ironizó, con una negativa de por medio—, intentaré ser, pese a mi futuro estado que predices con tanta confianza, selectivo, caer en el dormitorio de alguien íntimamente interesante.

Tienes ojos más lindos, lo confieso. —era la libertad de Theo, el soltar comentarios de cualquier índole sin culpas o filtro, había que admitir (y no existía problemática a la hora de hacerlo) que la joven portaba una belleza celestial y especial, además de una esbelta figura que, para ser francos con más ímpetu, lograba hipnotizar cualquier mirada en un desfile de rutina por los pasillos universitarios— Toda una historia de novela esa—se aclaró la garganta, no podía ni siquiera decir que sus impulsos en el habla eran culpa del licor que poblaba sus venas—, no creo que seas cobarde, aún así. —se humedeció el labio superior, desprendía la suavidad de la bebida y un trago se encarga de silenciarlo tan sólo por unos segundos— El hecho de que te dediques a buscar información es, en realidad, una acción muy valiente de tu parte. Si tienes que verla, pasará, no es que sea creyente del destino, pero así son las cosas. —murmuró al final, existía una notoria carencia de talento de consejos por parte del ojos verde, mas podía decirse que la honestidad que teñía sus palabras era casi conmovedora, una clase de cálido manto formado en oraciones que sólo trataba de encontrar estabilidad en su acompañante— La señorita independiente y trabajadora, ya veo. —soltó una pequeña carcajada, asintiendo sin quitar su mirada del perfil femenino— Cuando alguna de esas canciones sea una clase de hit comercial deberás acordarte de mí.

Alzó las cejas, el cadáver consumido del cigarro descansa solitario y está tentado a encender otro, mas el acercamiento de la rubia interviene en la idea— Me duele decir que no—entonces movió su mano, acercándose al delicado semblante, su dedo pulgar aterriza cercano a la dulce boca, y se dedica a arrastrar una pequeña gota, dejando seca la zona. Sonríe con pereza y lentitud—, yo no compongo canciones, ni tampoco tengo problemas con un apartamento. Mi único dilema actual es abrir una segunda botella cuando llegue a mi dormitorio, si es que te interesa. Las conversaciones con el hogar siguen siendo pocas y, según sé, mi padre está muy seguro en los pronósticos electorales. —se cierra por completo, como es usual en su persona, poco es el contacto que mantiene con las tierras alemanas y con su casa, el mismo es siempre con su querida hermana, fiel portavoz de noticias y leyendas que ocurren durante su ausencia— Agnes tiene una clase de demostración de arte, sí, quizá me tome un avión y vaya, pero no tengo ni idea.—concluyó con un extenso suspiro de por medio, se pone de pie, un pasajero mareo atacando su cráneo que se esfuma con la toma de aire directo a sus pulmones— Vamos, te acompaño a tu dormitorio.


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Re: El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

Mensaje por J. Harmonie Lawrence el 16th Diciembre 2014, 10:59 pm

¡Que amistades menos propias! Dirían sus padres así como catalogaron a la que alguna vez fue su mejor amiga y que se había perdido en los confines de Norteamérica antes de que ella decidiera viajar a Londres a investigar un poco de sus orígenes. Theo era particular y ella no se jactaba de resaltarlo, no le molestaba, al contrario, era el detalle que hacía que la chica rubia siguiera a su lado, como su amiga o más o menos algo parecido, porque hasta ahora no había encontrado otro adjetivo para establecer el nexo que tenía con el chico de purpuras ojeras y ojos claros que podían atrapar más que los defectos que una vida mundana le habían causado pese a los abusos que este cometía sin mayor remordimiento. Si Harmonie no fuera tan orgullosa y hubiera aceptado el dinero que generosamente sus padres adoptivos depositaban en su cuenta seguramente podría seguirlo y compartir con él sus excesos, pero tenía un trabajo que mantener, cuentas que saldar un montón de cosas pendientes, sin embargo más de una vez tomaba ese poco de libertad de la que el chico tanto se jactaba. —Te invitaría a mi habitación pero, desafortunadamente, hace tiempo no duermo con mi hermanita menor y dejé de tener esa alarma encendida en la mente de tener que cuidar de alguien a mitad de las sombras.

Ella parpadea viéndolo con una especie de inocencia perfectamente fingida, como si le apenara su comentario, sin embargo suelta una carcajada algo escandalosa, era obvio que ella lo sabía, le gustaba escucharlo y de Theo no podía esperar algo mejor, pero incluso si su amigo hubiera dicho que era un monstruo ella no lo hubiese creído, tenía el autoestima demasiado alta como para creer que en verdad era desagradable a la vista. No esperaba que Theo fuera su consejero particular, en realidad nunca lo había pensado. Habían sido compañeros de copas, de bromas, quizás de otros detalles pero nada más, y cuando habían hablado de profundidades ella estaba un poco en el toque alto del alcohol y se escudaba diciendo que eran tonterías, o simplemente sin decir nada ya que a él poco le importaba. Por otro lado el hecho de que dijera eso hizo que la nube gris que estaba en su pecho disminuyera un poco, podía no ser el consejo perfecto pero no dudaba de su honestidad, no porque estuviera ebrio, sino porque él decía lo que quería, como quería y cuando quería y eso le bastaba a la muchacha de ojos claros para saber que no era una burla y que sus palabras en realidad si habían sido escuchadas. —Si hubiera sabido que me resultarías tan útil te hubiese invitado algunas copas antes, Veldeke—. Comenta con una sonrisa de lado bastante honesta para su gusto, sus ojos aún seguían fijos en el agua que había agitado con tanta furia minutos anteriores y que ahora reposaba en una calma increíble. Sus palabras hacen que ella frunza el ceño y niegue con una sonrisa sarcástica. —No debería ser sorpresa para ti, cariño. No tengo unos padres que me paguen por respirar, o bueno, quizás los tenga pero no son míos y tampoco me interesa demasiado los verdes que puedan enviarme para que regrese a casa. ¿Imaginas la vida con los políticos? La hija del senador Lawrence en moto por los alrededores de la Casa Blanca—. Bufa y rueda sus ojos apartando la melena de oro de su rostro.

Su resumen es como él; práctico, sin rodeos. Ella lo escucha pero solo voltea a verlo una vez, quizás dos a medias, es lo mismo, viven apartados de un escenario que se desarrolla con la misma monotonía inicial. —Es una oferta tentadora si no tuviera que madrugar—. Comenta con verdadero hastío. —Deberías ir, ellas son lo único que vale la pena en este mundo de porquería—. Y dice ellas porque es claro que también se refiere a su hermana, pero tampoco se dedica a extenderse, no es necesario y ha sido demasiado drama para un día, para seguir con sentimentalismos. Alza sus ojos claros y ve como su amigo se levanta, tuerce los gestos, evidentemente no quería irse pero ya su ropa estaba un tanto seca y la soledad en medio de la calma no era buena. Se levantó y tomó sus cosas, guardándolas sin mucho orden, pasó el jean por las piernas sin cerrar el botón y se puso la camisa que se adhirió enseguida a la piel fría de la muchacha de cuerpo celestial. —Y yo que pensaba que me ibas a sorprender lanzándote al agua—. Comenta tomando las botas y sacudiendo la melena, toma el abrigo en su brazo y se guinda el bolso a medias camina unos pasos y señala el sendero a seguir con una de sus manos. —Adelante, caballero, no querrá que su amiga se pierda y la expulsen por andar a media noche bañada en agua, cigarrillos y alcohol.


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Re: El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

Mensaje por Theo V. Veldeke el 17th Diciembre 2014, 10:06 pm

Los ojos en blanco, la fascinación imperial conectada a la avidez de la lengua femenina, gran fuente de réplicas y aperturas de lagunas de conversación donde sumergirse, algo que él agradecía, pues, siendo francos, Theo no era el ser más sociable del mundo, le costaba demasiado imponer temáticas para la charla, todo finalizaba en cortantes palabras y comentarios silenciados en la privacidad de su boca, mas la oferta de contestaciones era mutua en este dúo singular y, de esta manera, se aseguraba un poco de entretenimiento nocturno y diario en cada uno de los encuentros inesperados que compartían. Le dedicó una encogida de hombros, una singularidad más que compartían, parecía ser, era la costumbre y sentidos despiertos por la hermandad y protección de los mayores tan reconocida— Tranquila, que tengo costumbre y puedo cuidarme solo—pausó, humedeciéndose el labio superior con lentitud, cuidando el uso de sus palabras—, pero comprendo cuando alguien me rechaza. —irónico, formó una clase de mohín, ladeando su rostro sobre su hombro izquierdo, el gesto se esfumó más rápido de lo esperado.

Ilógicas fueron las tendencias de profundidad o intimidad, consecuencias del alcohol corriendo por las las rutas sanguíneas de cada uno, el abrirse completamente en estado de sobriedad era acomplejado, esa zona de superioridad (mezclado en su yo arisco) le impedía mover su lengua para relatar sucesos o heridas de su presente o pasado, en la rubia sucedían los efectos más típicos del consumo inadecuado de licor; a flor de piel los silencios usuales, la memoria poco podía ofrecerle, las resacas y los relámpagos de recuerdos poco contenido le daban— Ya pasó mi hora permitida para mis servicios, perdiste tu chance. —la esquina derecha de su boca dejó que una jocosa sonrisa se cincele. No podía dedicarse a exigirse facetas inexistentes en su psiquis, pocos eran los que podían tolerar la generalidad de su acidez y volatilidad sensible, podía decirse que ella era una de esa pequeña población mundana, mas poco era el conocimiento real sobre las diferentes puertas que la laberíntica mente alemana poblaba— Lástima por ti. —se mofó un poco, pudo sentir el peso del bolsillo trasero del negruzo pantalón resonando, la billetera repleta de las generosas limosnas de sus progenitores, la herencia Veldeke, además, provenía de raíces que lo tenían a él como gran beneficiado, con tal de mantenerse alejado de las problemáticas y de ensuciar la fama nacional en tierras natales, el ojos oliva tenía un trono y el mundo a sus pies (al menos de manera económica, por supuesto)— Lo divertido es hacer eso, o hacerlo fuera del núcleo de vistas, nada más lindo que un político con hijos renegados. —soltó, su broma tiñéndose en amargura implacable.

Madrugar. —repitió, sin poder evitar que una suave carcajada sea invocada por su garganta, pensándolo bien, él también sería víctima del alba y sus horas primeras, mas tenía toda la costumbre de las horas de insomnio y resistencia, pasados amaneceres en hogares destrozados habían logrado adaptarlo a futuros desencuentros con Morfeo. Asintió, totalmente de acuerdo con las palabras femeninas, la única luz en el túnel lóbrego de la familia Veldeke no superaba el metro cincuenta de estatura, sonrió interiormente, con el fantasma de la nostalgia de por medio— Sueñas demasiado alto, cariño. —pronunció, con una medialuna formándose, sin dejar ver sus blanquecinos dientes, deja la botella abandonada, poco es el contenido restante, tanto la noche de hoy como las anteriores le pasan factura a su elixir. Comienza a mover los pies, a un lado de la muchacha y su figura que desprende alguna que otra solitaria gota— Oh, no, para eso tendría que ser una clase de guardián o algo así, muy lejos de eso estoy—bromeó un poco, encaminándose a los solitarios pasillos y silencio noctívago—, pero me preocuparía no tenerte como ser molesto de primer puesto. —asintió con suavidad, mientras se mete las manos en los bolsillos.


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Re: El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

Mensaje por J. Harmonie Lawrence el 17th Diciembre 2014, 11:23 pm

Herederos de buenas familias con el mundo asegurado a sus pies; universidades de renombre, palancas en los trabajos, personas como Theo y Harmonie no tendrían que escalar para llegar a la cima, a ellos los pondrían y ya porque el peso de sus apellidos era diez veces más fuerte que cualquier esfuerzo que hicieran los adolescentes problemáticos para ser reconocidos, y era mejor así, seguramente ella con su música no podría aspirar a la grandeza que su padre querría para su tesoro y Theo… bien, no se vería muy bien un político ebrio en plena propaganda, sumado a ello un par de ojos rojos que con vagos discursos querían hacer confiar a la nación de su buen estado. Se habían criado en buenas familias pero probablemente no fuese el núcleo adecuado para lo que la vida les deparaba. ¿Acaso los hijos rebeldes no podían tener padres despreocupados?, ¿los hijos sanos a terapeutas como progenitores?, no, porque el destino ponía pruebas, quizás si no fuera de ese modo la vida fuera un desastre y no se tornaría tan divertida como la sensación de adrenalina al hacer al prohibido o tentar a la suerte cuando sabías que no estaba de tu lado. ¡Pobres niños ricos!

—Ese es el cliché y tu y yo somos parte de la película, solo falta que me enamore del guardaespaldas y tu asaltes a la mucama que al final va a ser la princesa de la familia, ¿así iban los dramas no?, no recuerdo, me quedaba dormida a la mitad, ya saber que soy un poco rara—. La muchacha se encoge de hombros y sobresale su labio inferior haciendo ademán de que poco le importa, trata de acomodar la melena húmeda dándole un poco de forma, estaba claro que el hastío en su habitación la haría quedarse dormida y si no hacía nada al respecto acabaría como todo los días, con la melena de oro en un orden que solo ella conocía y que no se lograba expresar bien. —Pero sueño… y tu lo haces, con tus matices cadavéricos y gustos extravagantes, pero también lo haces, y eso mi querido amigo, no está del todo mal—. Finaliza con el guiño de uno de sus ojos que resaltaba más ante la falta evidente de maquillaje oscuro que solía usar y que había quedado borrado de su piel por el agua de la piscina. Camina a su lado, a su paso, lento y manteniéndose atenta dentro de lo que cabe a los laterales de los pasillos por si alguien llegaba. Ya la habían castigado más de una vez pero no se sentía preparada para dar un discurso o inventar algo, seguro si el conserje aparecía o algún estudiante en pijama fuera de su cama solo podría decirle una sarta de palabras sin sentido y una que otra vulgaridad. A su paso deja pequeñas gotas que se escapan de aquellas porciones que no se pudieron secar, hace un poco de frío pero está acostumbrada y no se preocupa al momento.

Suelta una carcajada que rompe un poco la tranquilidad de los oscuros pasillos, tiene que acercarse un poco al chico porque tanta oscuridad no le permite guiarse demasiado. —¡Oh vamos!, ¿ser molesto?, creo que hasta alturas puedes decirme una de esas cursilerías que se dicen todos los buenos amigos. Se me ocurre algo, a ver… “Harmonie, eres el sol que alumbra mis mañanas y me despierta de la resaca, si, esa de la que no pensé en salir”, o probablemente, “eres la migraña que me despierta en medio de un examen para el que no estudie”, tu eres el de la creatividad aquí—. Explica moviendo sus manos como si se tratara de una explicación teatral, frunciendo el ceño como, si a oscuras, viera a su musa de inspiración, vuelve a reír y niega al casi tropezar con un muro.

—En fin, han sido las palabras más bonitas que me has dicho desde… no recuerdo, quizás ese día no estaba sobria. El punto es que vas a tener que hacer algo muy malo para que deje de ser tu ser molesto en primer puesto, no tengo mucha paciencia, puedes romperla con cualquier cosa; no pagues los chupitos, no me des cigarrillos, bien, sin eso puedo sobrevivir, o espero hacerlo. Pero de momento no tengo en mente largarme y siempre tendrás un ordenador o el papel arrugado y lleno de pizza con mi número—. Sabe que el tacto no es precisamente el gusto favorito de Theo pero a ella no le interesan sus malcriadeces por lo que aprovecha la poca distancia y pasa uno de sus brazos por sus hombros plantando un beso corto a la altura del mentón del chico con sus labios fríos y algo temblorosos por la temperatura, se aparta antes de que este reaccione y lo haga por su cuenta.


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Re: El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

Mensaje por Theo V. Veldeke el 21st Diciembre 2014, 2:38 pm

Sabía mejor que nadie de qué manera acariciaba su toma decisiones un límite de patetismo, la necesidad de bajada de espíritu y preocupaciones nocturnas concluía en el asalto de botellas, podía decirse que de no ser por la joven de cabellos áureos su estado, en ese preciso instante, sería deplorable, la fuente de distracción y coronación como pilar en la existencia se cumplía sin pizcas de dudas. La letal toma y caída de elixir en privacidad absoluta era mucho más peligrosa que los eventos de entretenimiento ofrecidos por el campo universitario, pero el espíritu era mártir de sus efectos y comenzaba poco a poco a adormilar sensaciones de nostalgia o melancolía y, claro, aprovechar el abismo y vacío de píldoras con recetas escritas en temprana edad adolescente era un beneficio totalitario. Hablar de las raíces siempre lo ponía en una posición incómoda, y no por la carencia de relatos o fábulas, Theo disponía de una gran variedad de leyendas liberadas con el ego altivo por su propio progenitor, eran razones suficientes y escondidas en la profundidad de la lóbrega cabeza alemana.

Desconozco, por mi parte, puedo decirte que las mujeres del servicio de mi casa podrían ser mi madre, o tías, o algún puesto que requiere edad mucho mayor—pausó, con una jocosa sonrisa de por medio—, y no soy alguien que discrimina a las mayores, pero no han perdido un poco de esencia. —bromeó con total despreocupación, encogiendo sus dos hombros, era que cada uniformada de la casa había sido testimonio de la crianza del joven Veldeke, de las derrotas en las votaciones y los nerviosismos cada tanto, de las alianzas y las cenas silenciosas, aburridas, las disputas entre padre e hijo envueltas en la desolación de la madre. Áspero, colocó sus ojos en blanco— El único sueño que tengo ahora es literal, mi cama me espera. —chasqueó su lengua, matices irónicos colgándose a través de la sonrisa cincelada sobre sus secas facciones. El vestigio de los pasos en acción son pequeñas lágrimas que con paso de los segundos pierden presencia, se borran como las sombras de esos dos cuerpos jóvenes, el sosiego azota las bocas y la toma de la palabra, la tranquilidad reina en los pasillos universitarios. Mordisqueó el labio inferior, encarcelando una suave carcajada— ¿La creatividad soy yo, uh? Estamos jodidos—soltó, con aires divertidos—, prometo que en cualquier momento crearé unas lindas prosas que inmortalicen tu nivel de molestia en mi vida, seguramente quedarás sorprendida y con ganas de más. —asintió con suavidad, su talento escrito se presentaba junto a la salida del firmamento oscuro y, la mayoría de las veces, ayudado por un poco de alcohol u otro tipo de sustancia.

No subestimes mi talento para arruinar pequeños detalles. —aquella frase fácilmente contagiada en la herencia de experiencias con fuente alemana y mayor, pero la amargura del semblante es pronto borrada, desfachatez y serenidad llegan en cuestión de segundos— Pero por ahora no tienes amenazas, digo, llegar a parecerse a una criatura tan insoportable es complejo. —volvió a bromear, elevando su hombro izquierdo. La cercanía lo tomó por sorpresa, lentamente frunció el ceño ante el impulso femenino, una calidez contagiosa que se pierde en la inconsciencia de sus reflejos, en el momento de ofrecer réplicas ella ya está a sana distancia— ¿Ves? Ya hubiese efectuado acto violento si fueses otra persona. —colocó sus ojos en blanco, claramente socarrón y burlón. La distancia a la puerta del descanso de la fémina es acortada, se acercó por completo, apoyando su espalda en la fría pared, una soberbia sonrisa se formó con lentitud, la mirada destella desafío— Bien, adelante, ve a extrañarme y llorar mi ausencia.


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Re: El poeta calla mucho más de lo que profesa - T. Veldeke

Mensaje por J. Harmonie Lawrence el 22nd Diciembre 2014, 11:15 am

Parte de las sonrisas puras que se vislumbraban en los labios de la rubia con cuerpo de diosa sucedían cuando estaba con Theo, y era una paradoja para los que conocieran al chico en especial ya que su humor era inentendible y pocas eran las veces que estaba completamente sobrio, quizás por eso era que Harmonie reía a su lado, porque el solo hecho de estar a su lado catalogaba al chico como especial a sus ojos, era evidente que la muchacha no buscaba gente común, para eso podría dirigirse al comedor a plena hora de almuerzo y sentarse en cualquier mesa, sin embargo la chica de profundos ojos azules le daba rienda suelta a su personalidad auténtica porque disfrutaba estar junto al joven de ojeras púrpuras y palabras profundas. Seguramente si hubiese encontrado a alguien como el chico en América se hubiera quedado y habría olvidado por completo buscar a sus padres, o quizás lo habría hecho con una buena compañía, eran muchos los casos que se planteaban en su mente y ninguno lo suficientemente fuerte para que ella se dispusiera a tejer hilos en su imaginación esa noche, en especial con un cigarrillo en sus pulmones y algunos tragos que no la llevaban para nada al sendero de lo académico y coherente. —No dudes en avisarme entonces, seguro que será algo digno de recordar. ¿Si querré más? Será todo un reto, mi atención es un privilegio—. Comentó con un deje de burla, no era necesario admitir frente al muchacho que cualquier dialogo que saliera de lo cotidiano tendría repercusión en ella, más si se trataba de un “halago” a lo molesta que podía ser en su vida, lo cual era como un querer en el mundo de los mortales donde personas como Theo y Harmonie no figuraban.

Se acercaban a las habitaciones, Harmonie no prestaba atención al camino, por lo menos sabía que las posibilidades de que alguien les llegara de sorpresa eran nulas o muy poco relevantes así que andaba tranquila y despreocupada como siempre. Chasquea la lengua, podía apreciar a Theo a su manera, ella lo hacía aunque fuera complejo de creer, pero así como decía quererlo lo conocía muy bien y tenía en cuenta de que, si se lo proponía, el chico de ojos intensos podía destruir todo lo que alguna vez quiso o tuvo contacto en un parpadeo. A ese tipo de personas había que tratarlas con cuidado, no porque sean de cristal sino porque nunca vas a descubrir plenamente que son capaces de hacer y los extremos están contemplados en el contrato, pueden ser muy buenas o muy, muy malas. —¿Yo?, ¿subestimarte?, no soy tan poco inteligente, cariño, nunca lo haría, todavía a estas alturas no se que esperar de ti, pero es evidente que me gusta pisar en falso así que me atendré a las consecuencias—. Sus labios forjan una sonrisa sencilla mientras se encoge de hombros, era obvio que esa era su manera de ver la vida, tan simple, tan a la ligera…

Harmonie ríe ante sus palabras, esta vez no alza tanto la voz y niega, le gustaba tentar su suerte pero cuando expresaba su cariño mediante el tacto, por lo menos en Theo, tomaba sus previsiones. —¿Si?, si hubieses efectuado un acto violento…—. Su tono se torna grave y endereza su espalda hablando como si fuera un político correcto, pero no aguanta y bufa. —Probablemente te habría pateado en tus honorables partes bajas y estarías hincado sin aguantar mucho. Habría cerrado todas tus opciones de tener bebitos de ojos verdes y ojeras—. Dice tratando de sonar tan educada y profunda como él. Cuando se da cuenta ya están en la entrada de su habitación. Harmonie toma un respiro hastiada, quizás hasta prefería su pequeño departamento con tuberías jodidas.

Busca las llaves en un bolsillo y entreabre con cuidado apoyando antes su brazo y el lateral de su cuerpo en la madera. Suelta una risa y alza su mano apoyándola en su frente de manera dramática. —Oh sí, no tengo ni idea de cuando termine de llorar y deje de sentir tu ausencia esperando por volver a verte—. Pero está tan agotada que no le sale tan bien, sonríe y ve los pasillos. —¿Puedes llegar vivo a tu habitación?, no sería divertido perderme la vista si te quedas dormido en los pasillos. Te invitaría pero… eres como mi hermanito pequeño problemático y he perdido esos toques maternales, no sería divertido—. Harmonie no era puritana claramente pero tampoco vulgar y Theo y unos cuantos “amigos” eran los únicos con los que se permitía ese tipo de bromas.


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