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Just close your eyes - W. Raven Seeber

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Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por Nash K. Fallamhain el 21st Noviembre 2014, 8:09 pm

Tres años. Eso fue lo primero que paso por mi cabeza cuando desperté esta mañana del 21 de noviembre. No había diferencia con los años anteriores, no sabía si quería llorar, si quería quedarme en la cama, o si tirarme desde la azotea era la mejor idea. Me quede mirando el blanco techo, esperando que una respuesta apareciera, pero no había ninguna, solo podía girar la cabeza y ver la pequeña imagen donde nos encontrábamos los tres, una imagen que no podríamos tomar de nuevo. Un peso se suma a la cama, y Hanna aparece con su brillante sonrisa. —Papi, papi, podemos hacer panqueques esta mañana?— Le sonrió, ¿Que mas puedo hacerle? Decirle que ese no era día para sonreír, que era un día solo para llorar. —Era el desayuno favorito de mama, ¿Vamos a ir a verla este año?— Trago saliva, a veces esa niña partía mi corazón de una manera inexplicable, la sonrisa se transforma en una mas triste, pero trato de componerla al instante y asiento. —Claro mi cielo— Ese día era bastante normal, tenía una clase, pero ya había avisado que no iría, aún que cuando lo recordé me miraron con una expresión, que a mi manera de ver, decía que no era necesario. EL desayuno con la princesa paso rápido, y cuando este acabo, observe como la pequeña iba a elegir un vestido para ponerse, decía que quería estar hermosa para verla. No tuve que decirle que no use colores brillantes, ella sola eligió el vestido negro nuevo que tenía, ni siquiera sabía de donde lo había sacado, pero me respondió que Carmen se lo había comprado, poco después la aludida tocaba el timbre también vestida de negro y con el paraguas cerrado en mano. Me ofreció una sonrisa que resalto sus arrugas, y me dio un fuerte abrazo. Esa señora era como otra madre para mi, y eso se lo agradecía de manera infinita, pero no me atrevía a decirlo por si Meridia se enteraba, no quería ser el causante de su muerte.

Fuimos al cementerio, y procure que el paraguas siempre estuviera sobre Hanna lo que hizo que estuviera un poco mojado cuando decidimos irnos. Una vez en el auto, no volví a casa, las lleve a almorzar y después al Sea Life London Aquarium. Era el lugar favorito de Sasha, y Hanna no lo conocía. Con Carmen nos entretuvimos viendo los ojos celestes de la joven llenos de asombro, llenos de vida, llenos de alegría. La pequeña correteo de un lugar al otro y por un momento olvide que hacía tres años que Sasha había muerto. Cada vez se volvía mas fácil, cada vez dolía mas darse cuenta de cosas como esa, pero supuse que así era la vida, al fin y al cabo uno siempre acaba olvidando. Al terminar el recorrido, fuimos por un algodón de azúcar para mi niña, que no pudo acabar. Por lo que caminamos por las calles, yo comiendo lo que quedaba de esa cosa rosada. Al final, el sol empezó a caer, y el frío tras la lluvia se empezó a notar, le pedí a Carmen que se llevara el auto y a Hanna, que yo iría dentro de un rato. La misma asintió entendiendo que quería un rato a solas. Cuando se fueron comencé a caminar por las calles llenas de peatones, personas que observaban aquella bella ciudad. Londres a veces podía ser la ciudad mas hermosa de todas, y de noche, las luces iluminaban el camino, algunos músicos emprendían canciones que guiaban los pasos. Sasha siempre había dicho que tocaban magia, siempre me pareció ridículo, pero esa tarde-noche, me senté en uno de los bancos a escuchar a un violinista con un mujer que con voz aguda cantaba una hermosa canción. Tenía que aceptarlo, personas como ellos eran capaces de tocar magia.




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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por W. Raven Seeber el 21st Noviembre 2014, 9:13 pm

Y lo había vuelto a hacer, Raven había peleado con su madre por un número de vez que no recordaba en la semana, al parecer a Jacque le molestaba cada movimiento que su hija hacía y a esta parecía más dispuesta a negarse a sus peticiones, eso le asustaba, no sabía porque, no era algo que ella pudiera manejar o describir con palabras acertadas, al contrario, era un sentimiento que nacía, que se formaba en su estómago y se alzaba en su pecho cada vez que tenía la necesidad de salir por sus labios. Jacque hallaba mal en como su hija se vestía, lo que decía, los libros que leía, hasta como ordenaba su cuarto o había decorado la habitación de pintura, a veces Nina se daba por aludida pero la entendía, nunca había usado jeans ni cintas de colores, tampoco pintado sus labios y remarcado sus profundos ojos castaños, no había pintado paisajes vivos y lugares por conocer ni tampoco faltado más de una vez a la clase de tenis por estar en la calle tomando fotos. Jacqueline se dio cuenta, como siempre, de cada movimiento de su hija y no pasaba la oportunidad de que le recalcara que "había algo mal" en ella. A veces Raven se cambiaba de ropa, dejaba de leer, se enfocaba en sus cursos, pero se sentía incomoda, era como si algo no concordara, algo que ella tenía en sus narices pero se negaba a ver. Esa tarde estaba en casa, quería bajar al sótano, quizás fuera una tonta por insistir en empezar a investigar sola, sin su hermano, pero la curiosidad la carcomía y la decana la descubrió en medio de su búsqueda de las llaves hasta en donde quedó involucrada el ama de llaves, una mujer de canas a la que Raven tanto quería. Los gritos fueron innecesarios, incluso su madre buscó otras situaciones de debilidad para herirla. La chica no lloró, era una de las primeras veces en las que no lo hacía, tampoco fue grosera, solo subió a su habitación y se colocó un abrigo bordado de colores sobre el jean ceñido y la camisa ancha blanca que no cubría sus brazos del todo. Sus cabellos estaban atados en un moño alto y despeinado, rodeaba su coronilla con un pañuelo de colores suaves, tan solo tomó un bolso, su móvil y su cámara y evitando a su madre que estaba en su habitación salió de su casa frotando sus brazos mientras entraba al auto y lo encendía. Sin dudarlo emprendió su camino hacia el centro de la ciudad, el único lugar que le daba suficiente aire fresco lejos de su casa.


No tardó en llegar, aparcó con facilidad, las calles estaban pobladas pero parecía que la multitud prefería ir caminando a perder su tiempo y dejar atrás los detalles que solo los ojos podía admirar. Salió y tuvo cuidado al casi tropezar con un hombre mayor que le sonrió y negó que ella le hubiera hecho algo malo. Nina caminó algunos pasos, encendió la cámara y mientras andaba a paso lento tomaba fotografías de las zonas verdes, de las calles, de los niños que corrían en torno a sus padres, de las parejas sentadas en los bancos y los abuelos que caminaban aún de la mano haciendo público su amor, incluso capturó a un hombre que hacía burbujas grandes a su alrededor y que tuvo la oportunidad de sonreír para la foto mientras la castaña lo saludaba. Una melodía llamó su atención, no muy lejos, la sentía como si estuviera a su lado así que la chica tuvo que caminar muy poco para dar con una mujer y un violinista que entonaban una de las melodías que ella tocó de niña. Nina llegó al lateral de los músicos y capturó algunas fotos solo que a mitad del acto dejó que la cámara colgara de su cuello y solo escuchó los acordes mientras acariciaba con sus dedos los botones del aparato. Ya iba a terminar la última estrofa y la castaña levantó la cámara solo que esta vez olvidó quitar el flash que dio de lleno en la cara de la cantante. Raven estaba apenada y se acercó con sus mejillas coloradas negando con su rostro. —Lo lamento, en verdad, me entretuve y olvide quitarlo, es… muy linda su música—. Decía de manera rápida, la chica se acercó y, sin pudor alguno, tomó las manos de la castaña. —Uh… tu tambieng fuigste violinista—. Un acento típico de Francia que la hizo sonreír, pero eso solo aumentó el rubor en su rostro. —Un poco, cuando era niña—. Ella toma su muñeca insistiendo en que toque una pieza pero Raven niega repetidas veces, sentía mucha vergüenza y solo quería desaparecer entre la pequeña multitud que los miraba. —No… en verdad… lo lamento, no… recuerdo.


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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por Nash K. Fallamhain el 30th Noviembre 2014, 7:41 pm

La música rodeo mi cuerpo, lo hechizo como a todos los que se acercaban. Sonaba como una canción para niños, una canción que contaba una historia llena de fantasías. Cada movimiento que el violinista hacía contra las cuerdas parecían desprender un color, y algunas burbujas que un señor hacía a lo lejos se colaban entre las personas explotando cada vez que se chocaban con una persona. Observe a un niña que trataba de atrapar una luciérnaga perdida, la observe porque me recordaba a mi Hanna, quien también se aburría con facilidad con cosas como esa. Recordé cuando llegaba a casa y la pequeña dormía bajo las sinfonías de Ludwig van Beethoven, y de Sasha sonriendo mientras cocinaba, confirmando que esa música tenían el mismo efecto que un sedante en la niña. Una sonrisa se curvo en mis labios, y mis ojos cansados se mantuvieron abiertos, pero la tarde fuera no se hacía tardar en notar, ya no era joven, o por lo menos ya no era tan joven como para pasar un día entero caminando y no sentirlo llegados a esa hora. La música estaba por terminar, y ya me encontraba con las manos en los bolsillos, esperando a pararme y dejar un billete en la gorra del hombre, cuando un flash hizo que mis ojos se abrieran del todo, recordando que estaba despierto. Mi mirada azul encontró a una morocha ruborizada, que no tardo en acercarse a disculparse cuando la melodía acabo por fin. Tuve que entornar mis ojos en la oscuridad, y mi ceño se frunció observando a la muchacha que tan familiar me parecía.

En mi mente una muchacha aparecía en mi memoria, una joven que fue una de las damas de honor en mi propia boda. Sasha siempre había sido demasiado tímida para hacer amigos, y para ese día le habíamos echo un favor a Jacqueline Seeber, que me había dado mi trabajo, y habíamos puesto a su hija como una de las damas de honor. Pero no parecía ser ella. La joven que había conocido ese día llevaba un peinado de peluquería, la pintura justa para conservar su juventud y frescura. Incluso podía recordar la curva de sus labios en una amable sonrisa, y su voz suave que me hablaba mientras me movía nervioso esperando el momento para poder tomar la mano de la mujer que amaba, para decir nuestros votos y para comenzar nuestros felices para siempre que nunca llego. Parecía tratarse de esa chica, pero se la veía cambiada, su rostro perfilado en rasgos bien desarrollados, un cuerpo que había terminado de ser el propio de una niña y ya era el de una mujer. ¿Sería ella? Observe como la mujer la insistía en acercarse, y la chica se negaba. Si era, debía ayudarla. Y ¿si no era? Alguien la debía ayudar. Me puse de pie y pasando entre las personas me acerque a la chica. Tuve poco tiempo para pensar y por eso hice lo primero que paso por mi cabeza.

—Amor,— Comencé pasando un brazo por sus hombros escuálidos. —¿Tomaste las fotos que querías? ¿Vamos a comer? Me acaban de recomendar un restaurante italiano que dicen que es muy bueno acá a la vuelta— Señalo con el brazo libre en una dirección que solo conducía a un callejón vacío, donde solo se veía un gran cartel que indicaba un Subway abierto. Me gire rápido a la mujer al notarlo. —Merci pour la chanson , belle belle. Bonne chance,— Dejo el billete en la gorra, y tomo el brazo de la joven para que salga. —Si no te mueves rápido creo que te obligara a tocar antes— Bromeo y cuando ya dimos un par de pasos lejos de la mujer, la suelto y tomo un paso de distancia entre ambos, para dejarle el espacio personal que le correspondía. —Lo siento— Me disculpo ahora con un tono mas serio, esperaba que no se hubiera asustado y que tampoco pensara que era un maníaco. —Solo quería ayudar— Explico curvando mis labios en una sonrisa. —Puede que no me recuerdes.... nos conocimos en una boda, hace mucho tiempo, también puede que me este confundiendo, veo demasiados jóvenes todos los días— Explico moviendo mis manos y dejando de caminar por si la chica simplemente prefería irse.




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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por W. Raven Seeber el 1st Diciembre 2014, 10:36 am

Infinidades de instrumentos habían pasado por sus manos. Los dedos finos de Raven, largos con unas uñas bajas pero perfectamente pintadas expresaban eso mismo, años de práctica bajo los ojos de una madre a la que nunca le resultaba suficiente lo que su hija hacía. Si tocaba el piano probablemente fuera mejor en el violín, si tocaba el violín al día siguiente estaba en clases de guitarra. Jacque siempre deseo que Nina fuera una especie de sobresaliente en todo, que cualquier cosa que pusieran en sus manos fuera convertido en belleza por la chica de cabello castaño. Lastimosamente así fue, y no era malo, solo que ella no tenía a quien demostrarle esa belleza, estaba sola y tocaba en su habitación para un público inexistente, para los empleados o Danny, su cachorro, como mucho. La música la atrajo como si estuviera diseñada para ello pero la incomodidad y un miedo latente hizo que sus ojos se abrieran de par en par cuando la joven francesa quiso que tocara en medio de la calle frente a un grupo de personas que miraban expectantes. No, podía cambiar, podía avanzar tal cual como se lo había prometido a Liv y a Riley, pero no iba a ser de una manera tan abrupta, menos habiendo olvidado la mayoría de las partituras que conocía.

Nina no quería ser grosera, tampoco hacer el ridículo, en sus ojos era evidente el terror y el vacío de no saber qué hacer. Fue entonces cuando unos brazos fuertes y unas manos cálidas la tomaron y la apartaron de la muchacha. Ella se irguió enseguida y experimentó un terror aún peor pues era lógico que en las calles de Londres nadie la conociera a tal profundidad para envolverla en un abrazo a mitad de la noche. La chica alzó sus ojos y solo pudo ver un rostro muy familiar, fino, pálido, de intensos ojos azules y cabellera peinada a la perfección, un aroma sutil y varonil penetró sus narices y ahora su cuerpo al estar dependiente de aquel hombre que, evidentemente, tenía unos años más. No tuvo tiempo de entender que decía ni muchas de sus palabras, pero al captar la oportunidad de irse la joven no tuvo más remedio que asentir repetidas veces. —Si... claro—. Sus últimas palabras la advirtieron así que avanzó a la misma velocidad que él y se despidió con una mirada rápida y apenada. Nina estaba un poco aturdida así que cuando él se separa después de una calle ella aún sigue con la música en sus oídos y su cámara en las manos, la suelta y niega alzando sus ojos color chocolate hacia el mar azul de su salvador. Lo conocía, estaba segura, y era evidente su curiosidad, de no ser así probablemente se habría ido luego de agradecer. Sin embargo fue su comentario el que hizo que diversos recuerdos se agolparan en su memoria de manera violenta. Era ella, quizás tres años atrás o más, con un vestido lila, hermoso que se ajustaba a su figura, con brillantes, un maquillaje acorde a su edad y un peinado que dejaba a la vista su cuello perfilado, estaba empezando a salir con Marius, aún recordaba el fastidio del chico al ir con ella a probarse el vestido y comprar los adornos para su cabello. Su madre la había propuesto como una de las damas de honor en la boda de uno de sus empleados y alumnas en su época de profesora. Nina se mostraba tímida, temerosa, especialmente porque las otras damas no la conocían y sabían que era un favor. Sin embargo, en uno de sus escapes, encontró al novio en los jardines, él, perfectamente vestido y peinado, con el mismo aroma, paseaba de un lado a otro y ella interrumpió al casi caerse, hablaron un poco y, de cierto modo, la muchacha logró calmarlo antes de la boda. Nunca más lo volvió a ver, pero estaba segura de haber oído que su mujer había fallecido.

—Si... desde luego, tu eres el de la boda, Nashvel, ¿cierto? Lamento no reconocerte hace mucho que no sabía de ti. Sí, soy yo, Raven Seeber, la hija de Jacqueline—. Comenta con una leve sonrisa en sus labios, se sentía más tranquila al saber que no estaba sola o con un perfecto extraño. Se muerde el labio antes de dar su lamento por la pérdida del profesor, si, porque era profesor en su universidad solo que en ciencias y ella estaba lejos de ese campo. Prefiere no mencionar nada al respecto antes de meter la pata. —Agradezco mucho que me salvara, en verdad—. E inmediatamente ella entiende que está frente a una autoridad y deja a un lado cualquier tipo de confianza, incluso sus mejillas se ruborizan un poco y pasa un mechón de su cabello tras su oreja inútilmente. —Luego de la boda no... No supe más de su familia aunque mi madre solía hacer comentarios. Me dijo que tenía una hija pequeña.


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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por Nash K. Fallamhain el 1st Diciembre 2014, 11:14 am

Caminaba de un lado a otro, nervioso, mordía mis uñas, mis labios. Respiraba profundamente sintiendo unas ansias de vomitar. Algunos pensaban que me iría, que saldría corriendo desligandome de todo contacto con Sasha, y con la recién nacida. Pero eso era de lo único que estaba seguro, que no me iba a ir, era lo que me repetía una y otra vez mientras iba y venía por el jardín de aquella casa antigua que mi padre había rentado para la boda. Deje que lo hiciera, usualmente no lo dejaba pagar por mis cosas, pero lo había echo por Sash, ella se merecía una boda elegante, una boda como la gente. También había dejado que comprara el departamento, porque no quería que esa hermosa mujer viviera en el mono que tenía antes de ese día. A lo lejos alguien se acerco y comenzamos a hablar, era joven, pero muy inteligente y madura. No tenía idea de quien era, por lo menos no lo supe hasta que se presento como la hija de Jacqueline. No me sorprendía que esa mujer tuviera una hija de igual fortaleza que ella misma, y en mi mente imaginaba que el hijo mayor de la decana debía ser de igual de inteligente que ella, pero nadie hablaba del hijo de la mujer frente a dicha familia. Había sido un alivio, como una brisa de aire en un agotador día de calor, como una ducha caliente en un día de plana nevadas. La joven había traído paz, me la había traído a mi. Cuando me pare en el altar, estaba mas que seguro de lo que hacía, y por ese momento, solo me pude dedicar a ver a Sasha con un vaporoso vestido blanco. No pude notar nada mas, siquiera a la joven que me había ayudado a calmarme, que había caminado delante de mi futura esposa.

La mente me trae esas memorias mientras me alejo con la morocha de la francesa que la había intentado hacer tocar el violín. Noto como se relaja cuando me separo, y se que tenía razones para estar tensa, agacho la mirada, ligeramente avergonzado. Tras un segundo la joven comienza a hablar, y cuando lo hace estoy seguro que es ella, y en mi interior agradezco que haya dicho su nombre, dado que mi mente lo había olvidado. —Nash— Corrijo de manera automática. —Solo mis abuelas me llaman Nashvel y generalmente viene seguido de un reto sobre lo flaco que estoy, incluso cuando no es así— Confieso con una sonrisa de lado para que la joven termine de relajarse, de todas formas no estaba atada a quedarse ahí, pero quizá un poco de compañía no venía para nada mal. —Pero si, soy el de la boda. Un gusto volver a verte, y disculpa por lo anterior, de verdad solo quería ayudarte. Los franceses siempre tienen el mismo problema, nunca entienden lo que uno quiere decir, y con suerte uno entiende que es lo que ellos quiere decir...— Agrego recordando las quejas de Sash cuando estudiaba dicho idioma y caminaba de un lado a otro, en la sala, insultando, en francés, al francés. Era ella quien me había enseñado a hablar el idioma, o por lo menos lo básico, nunca había sido útil, hasta ahora, dado que la idea de aprender el idioma era conocer dicho país, pero cancelé los boletos que le iba a regalar tras su muerte. Suelto un suspiro y entorno mis ojos sobre la muchacha. —Sabes que las personas son incapaces de envejecer cincuenta años en cinco segundos, ¿Verdad?— Pregunto poniendo las manos dentro de mis bolsillos. —Puedes tutearme, incluso mis alumnos me tutean, no tienes razón por la cual llamarme 'usted', me hace sentir viejo, ¿Estoy tan viejo?—

Por un momento recordé a una de las personas que llamé abuelo, allá en mi Irlanda amada, que siempre se quejaba de que la juventud estaba pérdida, y solo se quejaba de ello cuando le ofrecían el asiento, o le preguntaban si necesitaba ayuda. Siempre decía que aún era joven. Nadie notaba como envejecía ese señor y fue pocos días antes de su muerte que todos lo notaron, notaron como sus ojos se mostraron cansados y llenos de arrugas, como su mano temblaba mientras trataba de tomar un vaso de agua. Luego solo murió. Poco antes de que pasara, las últimas palabras que me dijo, era que todavía era joven y podía ir el mismo por sus pastillas. Yo era joven, pero siempre creí que ese hombre era el mejor ejemplo a seguir que una persona podía llegar a tener. El solo echo de recordarlo me hace sonreír. Y sacudo mi cabeza regresando a las calles de Londres, y mi mirada se cruza con una marrón, le sonrió. —Hanna, quizá recuerdes a la beba que estaba en la boda, aunque había mas que uno. Seguro si la vez ahora no podrías creer lo grande que esta. Pero no hay mucho mas que contar de mi vida mas allá de eso. ¿Qué ha sido de la tuya? Seguramente ha sido mas entretenida que descubrir como cambiar un pañal— Bromeo con naturalidad, y se siente extraño, se siente bien.




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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por W. Raven Seeber el 1st Diciembre 2014, 11:50 am

Nina no estaba acostumbrada a rodearse de extraños, a duras penas sobrevivía a las reuniones por las que su madre la hacía pasar y donde tenía que codearse con todas esas personas como si fueran sus íntimos amigos, nunca había dicho cuanto le incomodaba, mucho menos cuando la abrazaban o querían compartir su tacto con ella, era insoportable y a veces no lograba entender cómo salía viva de tales situaciones. El primer instante en que Nashvel la rodeo en sus brazos fue para ella una tortura, unos breves segundos pero una tortura que por un momento fue lenta y extensa para ella, saber que un desconocido la tenía atrapada no ayudaba mucho, por más que la estuviera salvando, pero se relajó al sentir ese aire conocido, ese reflejo que alguna vez vio, pudo respirar cuando notó que ese rostro ya había sido visto por sus ojos y ahora, luego de toda la música y lejos de los artistas ella podía estar completamente serena a su lado, de cierta forma y aunque él no lo viera así, la había ayudado así como una vez ella lo salvó de los nervios e hizo que fuera más sencillo el paso por el altar e incluso la ceremonia frente a su deslumbrante esposa que, según la recordaba, era joven y muy bonita. Nina sonríe un tanto apenada, haber cambiado tanto su comportamiento en un par de segundos era algo normal en ella y tanta vergüenza sube el color que se había alojado en sus mejillas. Niega varias veces. —No, no creo que sea posible, discúlpame entonces, Nash, aunque tampoco me acostumbro a tratar a un profesor así, menos si mi madre es la decana y todos son como… dioses o figuras de gran respeto para mí.

Si, desde luego, una pequeña, de unos cuantos meses o máximo un año, ahora que lo recordaba fue lo único que su madre critico, que una chica tan talentosa perdiera su tiempo en quedar en cinta tan joven, Nina no era tonta y concluyó que esa había sido la causa de la boda, al contrario de profundizar mucho en el tema la chica simplemente lo consideró algo correcto y muy valiente de parte de ámbos, después de todo eran jóvenes y con una niña pequeña en brazos, casarse y emprender una vida en conjunto le parecía lo mejor, más allá de que fue el amor lo que alguna vez los unió. —Oh si, la recuerdo, una niña muy linda, se parece mucho a ti y a tu esposa, es una mezcla de ambos—. Comenta con una sonrisa. La pregunta de su vida era mucho más profunda de lo que él quizás consideraba, por un instante pensó en seguir preguntando de la vida de aquel hombre antes de hablar de ella, no era por él, era que Raven no deseaba compartir un recorrido por su vida con nadie, más aún cuando eran mentiras. Pero seguir interrogando a Nash era llegar a su esposa y mucho menos deseaba incomodarlo de esa manera. —Si quiere… quieres, podemos caminar un poco, así el frío no se hace tan intenso—. Ella empezó a caminar a su lado esperando toparse con una cafería o algo parecido, le apetecía algo caliente luego de un día de problemas y haber salido de casa sin cenar. —Entre a Sir Thomas Malory, a Literatura, mi madre quería que estudiara otra cosa, incluso mis abuelos, pero era lo que me gustaba de pequeña. No me quejo, hay profesores muy buenos, todos los que me han tocado, aunque algunos tienen un toque de locura. También trabajo a veces con las fotos y algunas pinturas, sobre todo para no depender tanto de mamá, con el tema de la dirección y ese asunto a veces no tiene tiempo de nada—. Comenta mientras guarda la cámara en el bolso y mete sus manos en sus bolsillos. Al pasar por una vidriera se da cuenta de sus cabellos atados y poco a poco los suelta del recogido haciendo que queden en suaves ondas entre su pecho y su espalda, guarda la cinta y las ligas de mismo modo, ya tenía más apariencia de estar caminando por las calles de Londres en una noche cualquiera y no haber salido de casa tras un portazo. —Fuera de eso creo que ha sido lo mismo de siempre, hago cursos de cocina, de tenis y cualquier cosa que a mamá le guste, dice que es bueno hacer de todo un poco. Y de resto… esas cosas que los adolescentes hacen, supongo, salir con amigos y eso.

Era evidente que esquivaba algunos datos, hablaba de la juventud como si fuera algo distante a ella, algo robado de cierto modo, algo que fue así, sin embargo sonríe levemente mientras ve a su acompañante y sigue su paso. El aire ondea la cabellera oscura y deja en libertad el rostro perfilado y delicado. —¿Qué tal tus estudiantes? Ciencias no debe ser sencillo, por lo menos no para mí.


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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por Nash K. Fallamhain el 5th Diciembre 2014, 2:38 pm

No creas en las cosas imposibles Me repetía mi padre una y otra vez, con voz firme y autoritaria. Yo solía asentir, pero al ir a la casa de Meridia esta me recordaba una y otra vez que si solo los locos que dijeron que podían cambiar al mundo, eran lo que lo lograban cambiar. Creer en cosas imposibles era algo del desarrollo, algo de la madurez, descubrir la diferencia entre algo que podíamos lograr y lo que no podíamos lograr, ahí se encontraba el desafío, porque mientras tanto, todo era posible si se trabajaba duro para conseguirlo. Siempre había crecido de esa forma, incluso cuando conocí a Sasha y esta con su hermosura se negó a salir conmigo, dado que sin tenerlo grabado en la frente, todo mi ser desprendía que solo traería problemas. Fueron pensamientos, como los que Meridia me había enseñado, que me hicieron mantener la esperanza, que me dieron la insistencia, la paciencia, cosas que acabaron consiguiendo que Sasha se enamorara de mi. Pensamientos como esos eran los que a veces se odiaban y a veces se adoraban, pensamientos como esos eran los que solo eran bendecidos cuando las cosas que uno deseaba se lograban y eran insultados cuando no. Mirar a Raven, mirar el recuerdo que mantenía de ella, me hacían ver lo idiota que había sido siendo joven, lo poco que había aprovechado las oportunidades que mi padre me había dado, lo poco útil que había sido, cuantos años había gastado. Mirarla era darme cuenta de que por suerte no toda la sociedad era como yo, que todavía había esperanza de mejorar. Las diferencias de las decisiones que uno tomaba se podían ver en las respuestas que uno daba. De joven nunca había visto que los profesores merecieran el gran respeto, eran profesores, era su trabajo, nos debían enseñar y nosotros debíamos aprender, esa era la diferencia, después eramos humanos. Y su respuesta me hizo reír.

—No somos Dioses, ni estamos cerca de serlo, puedes contar con eso— Comento con la sonrisa grabada en el rostro. —Solo somo personas que trabajan para ganarse el día, que algunos profesores se crean Dioses es otro tema que no voy a tocar por respeto a algunos de mis compañeros, pero que me parece ridículo. Pero sacando eso no hay nada que me ponga a mi por delante tuyo— Me encojo de hombros, porque sabía perfectamente que era mi manera de pensar, era mi forma de ver las cosas, y cualquiera que no sea yo, podía pensar de una manera diferente, al fin y al cabo cada uno era libre de pensar y hacer lo que tenía ganas, y eso era un pensamiento que tenía bien claro de cuando era joven, era uno de los pocos que habían sobrevivido a la madurez. —Pero si te hace sentir incomoda llámame como quieras, no quiero tener problemas con una Seeber— Le digo para darle la libertad, y aprovecho para bromear. Conocía a la familia por la propia, nunca me había relacionado mucho con todos, salvo con Jacqueline, y lo suficiente para mantener mi puesto, pero si sabía que aquella familia no era una con la que se deseaban los problemas, y solo los tontos negaban eso.

—Ahora solo es parecida a su madre, pero por lo menos cuando era niña algunos decían que se parecía a mi. No me quejo, no creo que a alguien le gusta que le digan que es igual a alguien del genero contrario— Comento volviendo a sonreír. Recordando a una amiga que tenía un hermano y que el parecido entre ambos era innegable, pero que cada vez que se lo recordaban preguntaba que tan feo era que la compararan con un hombre. Y si bien yo nunca había visto que Hanna se pareciera a mi, otras personas si habían tenido la desdicha. Para mis adentros asiento en silencio, pocas eran las personas que recordaban a Hanna como Hanna y no como la bastarda que había provocado que dos jóvenes acabaran casándose, incluso cuando no tenían ningún título para mantener a la prematura familia. Y en realidad, muchas personas en la boda habían ignorado a la pequeña solo porque no había nacido de una pareja ya casada y establecida económicamente, algo que también me parecía ridículo, ella no era la culpable, estaba en los padres la culpa, y los padres eramos Sasha y yo, por lo tanto la culpa posiblemente hubiera sido mía, por mas que Sasha me haya convencido que era de los dos. —Claro, ningún problema— Contesto asintiendo repetidamente esperando que de el primer paso para seguirla. —¿Comiste? Porque hay un lugar acá a la vuelta que hace los mejores emparedados que he probado en mi vida, si quieres y me dejas puedo invitarte uno, es lo mínimo que te debo luego de nuestro encuentro anterior— Pregunto intento no sonar como si la estuviera forzando a venir conmigo. Sabía que Hanna estaría bien y que Carmen se encargaría de darle de cenar como cada vez que yo me había ausentado. Esa mujer era la salvación para alguien como yo, mas cuando subía a preparar la cena para tres sabiendo lo malo que era yo en esa área.

Escucho lo que dice y sonrío ampliamente. —Creo que pocas son las veces que escucho que el hijo estudio lo que un padre deseaba. Pero no deberías preocuparte por eso, si te gusta entonces es lo tuyo. Y conozco a muchos profesores, en general, la locura esta en algunos por naturaleza, pero tengo que confesar que tenerlos como colegas es muy divertido, los de la facultad de arte ni te cuento, parece que tienen mas personalidad que todos en la sala— Agrego lanzando una mirada al cielo tras escuchar a una mujer gritar que iba a llover. El mismo tenía algunas nubes, pero no parecía como si se fuera a largar una tormenta. Vuelvo la vista a la mujer que corría calle abajo, y alzo una ceja de manera inconsciente. Tampoco había escuchado que en el pronostico anunciaran lluvia por la noche, pero Londres se caracterizaba por eso, por lo que me gire a la morena como si no hubiera escuchado nada. Dudaba de verdad que se largara a llover. Frunzo el ceño mientras Raven se acomodaba el pelo, perdiendo un poco el estilo libre que tenía antes, pero esa no era la razón por la que me sentía extrañado, habían sido sus palabras. —¿Cualquier cosa que a tu madre le guste?— La pregunta sale sin pensarla y cierro los ojos al darme cuenta de que no era mi trabajo meterme en la vida de otras personas. —Perdón, no era mi intención meter mis narices donde no debo, pero ¿Haces algo que te guste a ti? Porque lo dijiste como si fuera una obligación hacer todo lo que dices— Paso una mano por mi pelo y lo sacudo, frotando luego mi nuca. —No tienes porque responder— Agrego tras mis palabras y vuelvo a sonreír de lado. —No me quejo por ahora, pero es lo de siempre, no se dan cuenta de que no entienden hasta que no lo ponen en practica y alguno se cuelgan con respecto a las practicas y guías, y a último momento quieren aprender lo de todo el año, algo que es imposible—




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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por W. Raven Seeber el 5th Diciembre 2014, 5:35 pm

A veces le causaba gracia que las personas mencionaran su segundo apellido con tanto peso, uno que solamente era mantenido por su madre y sus abuelos, especialmente por la primera. Decir el apellido Seeber en voz alta era sinónimo de un gran respeto, de poder, de inteligencia, de fuerza a pesar de sus suaves vocales. Nina a veces se sentía tan distinta a su familia a lo que estos habían expresado a través de los años que le costaba creer que ese realmente era el apellido que reposaba en sus registros como ciudadana inglesa. Ella no era tan fuerte como su madre, tampoco tenía su temple, mucho menos su hermosura y capacidad de convencer a todos con su perfecto léxico y amplios conocimientos, sin embargo así era, desde entonces era como el patito indefenso de la familia, así había oído de parte de una de sus primas lejanas, no le molestaba, porque en el fondo sabía que era verdad, y que esa era parte de las opiniones que despertaba en medio de los pasillos de la universidad que su madre regía con tanto carácter y por la que ella deambulaba manteníendose al margen de las cosas. Que Nash lo dijera de esa forma le causa gracia y sonríe con cierto sarcasmo, él no había sido el primero, pero desde luego estaba equivocado si pensaba que ella era como Jacqueline, seguramente esa había sido la impresión que había dado el día de su boda, con un bonito vestido, maquillada y peinada a la perfección, oculta en medio de las damas que resaltaban por su belleza y edad un tanto más madura, mucho menos esa percepción cambiaría ahora luego de todo lo que había ocurrido en su vida los últimos años. —No creo ser ese tipo de Seeber que piensas—. Comenta con una sonrisa mientras su mirada oscura se topa con los ojos azules de su acompañante, sonríe y baja sus ojos al pavimento mientras mantiene sus manos metidas en los bolsillos en busca de calor.

Escucha sus comentarios prestando atención, le parece hermoso que un padre hable así de su hija, desde luego se trataba de un hombre joven, de un padre bastante joven, si Nash no tuviera tan experiencia en sus ojos y en su cuerpo seguramente pasaría por un chico un par de años mayor y nadie se daría cuenta, seguramente sería uno de los profesores más cotizados de su grupo de estudiantes, era obvio, ella no podía negar lo guapo que era, el solo pensarlo la hizo sentír un tanto culpable, como si fuera una falta de respeto que tal cosa cruzara su mente. —Eres su padre, seguramente cuando crezca se dará cuenta que era un halago, por el simple hecho de quererla tanto como es notable en tu tono de voz—. Nina no había perdido la costumbre de detallar a las personas y él no era la excepción. Los recuerdos de la discusión con su madre vuelven a su mente, no había cenado y si, tenía hambre, pero no sería correcto que él la invitara o se responsabilizara de ella cuando había sido la misma Raven que había huido de casa. —No me sentiría bien si luego de salvarme también pagas mi cena, acepto pero quisiera pagar yo mis cosas, ¿te parece?—. Su leve sonrisa le hace ver que no era un mal gesto, que era parte de ella, de su educación y que no pretendía incomodarlo. Luego de haberse despedido de esa manera de su madre no pretendía llegar a casa tan temprano, esperaba que la misma estuviera dormida cuando cruzara el umbral y subiera directo a su habitación, ir a la universidad no era una opción, tenía una habitación que muy pocas veces usaba pero las autoridades podrían verla y eso solo le traería más problemas con la estricta decana.

Raven continúa sus pasos y ríe, en realidad los profesores de arte se caracterizaban por sus coloridos vestuarios y actitudes fuera de lo común, eran muy pocos los que en verdad se vestían de traje y hablaban con normalidad, ella lo sabía precisamente porque cursaba, más allá de su carrera, pintura. —Si, los he visto muy de cerca, pero creo que eso es lo que los hace diferente, son divertidos y hay muchos chicos jóvenes que ahora enseñan—. No se había cuidado lo suficiente al hablar de sus deberes, quizás fuera porque estaba aún enojada con su madre o porque de verdad le parecían demasiadas las responsabilidades a las que se dedicaba y empezaba a sentirlo, en cualquiera de los casos no quería descubrirlo así que se encoge de hombros y sigue con la vista fija en la calle, solía ser muy torpe cuando no prestaba atención. —No, es decir, quiero responder. Desde niña mamá me metió en muchas cosas, música, deportes… pero siempre me ha gustado la pintura, y escribir también, leer libros… pero creo que entre todas me quedaría con la pintura, una de mis mejores amigas pinta, ella me está ayudando a decorar una habitación que me regaló mamá de la casa solo para mis pinturas. Eso lo hago sin que sea una obligación.

Ahora es Raven quien lo sigue ya que desconoce el lugar, sin embargo se mantiene atenta a la conversación, era raro pero se sentía muy cómoda, no parecía obligada a hablar, cada comentario fluía como una conversación normal. A lo lejos una bicicleta viene a todo pulmón, un chico que probablemente está apurado, Raven camina a un lado de la calle y en uno de sus pasos baja el peldaño caminando en la hilera de los autos, no presta atención al ruido de la campanilla que se acerca. —¿Queda lejos?


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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por Nash K. Fallamhain el 7th Diciembre 2014, 3:20 pm

Había una clase de magia que rodeaba a las personas, en algunas era mas fuertes y en otras menos notable. Pero cuando la gente comenzaba a escuchar que alguien decía algo como eso instantáneamente, imaginaban a un persona que se movía con gracia, poseedora de una voz especial, o algo en su físico que las hiciera brillas por si mismas. No era eso, no era nada de eso. La magia de las personas se encontraba en pequeños gestos, en la hermosura de poder descubrir que las cosas no son lo que parecen. Ahí estaba lo que hacía especial a las personas, muchos podrían decir que todas las personas eran especiales, pero eso era equivalente a decir que nadie era especial por conjunto, si todos comparten la misma característica entonces no sobresale en ninguno, pero ahí estaba el absurdo, no todos eran especiales. Todos eran diferentes, todos somos diferentes, pero hay personas dentro de todo el conjunto de personas que viven sobre la tierra, que son especiales, son las personas que sobresalen, que resaltan, incluso cuando agachan la cabeza para mantenerse al margen, para no ser visto. Lo había observado por un buen tiempo, en mis años de estudiante, había asistido al curso de fotografía, mas porque me obligaron que por otra cosa, debía estar en uno y ese era el que mas llamaba mi atención. Era el acuerdo que había echo con mi padre en el primer año, entrar a un club, hacer amigos, conocer gente, ver si lograba disfrutar de la universidad y explotar la máximo ese año que tenía, si lo hacía entonces me podía retirar. Al final Sasha cambio todo, no fue el curso, no fueron los amigos, no fue nada de lo que su padre había tenido en mente al mandarlo a un lugar como ese. Pero ese no era el punto, cuando decidí quedarme me quede en ese curso, y había desarrollado una tendencia de ir a estudiar a los parques, sentarme en uno de los bancos y cuando necesitaba pensar o descansar levantaba la mirada para observar a la gente que pasaba. Observarlos, tratar de descubrir quieres eran, que eran. Me había llevado mas de una sorpresa, y era ahí donde estaba la magia, en que las personas no siempre son lo que aparentan, no son lo que sus padres fueron, es una persona, buscando encontrarse, si es que ya no lo habían echo. Eran personas siendo ellos mismos. Dejo que el tema, me costaba encontrar que decir, y tras abrir los labios para cerrarlos de nuevo, decidí que lo mejor era callar. No le podía decir que tal vez se estaba haciendo un cumplido a si misma, o que la familia siempre la apoyaba, había ciertas palabras que nunca se podía saber como las tomaría otra persona.

Sonrió ante su comentario, si amaba a Hanna era mi pequeña, era lo único que me quedaba de Sasha, era a quien me había aferrado tras su muerte, por mas de que en su primer año no dejo que ninguno de los dos pudiera dormir por mas de una hora seguida, por mas de que la había abrazado cuando la quería tirar por el balcón, pensando de una manera dramática. —Sigo sin ver porque habría un halago en semejante cosa, pero no discutiré sobre eso contigo, cuando ella misma crezca y pueda llegar a sus propias conclusiones te notificaré de que es lo que piensa acerca de las comparaciones con su padre— Explico para luego hacer una mueca en mis labios que acabaría por convertirse en una sonrisa de lado que se desvanece cuando escucho sus palabras. —No podría aceptar eso, va contra mi religión separar la paga en presencia de una mujer— Agrego mostrando una sonrisa para ocultar que en realidad era ateo, de joven nunca había creído en algo mas allá, y mis años me demostraron que no había nada mas allá, en caso contrario ya debería haber presenciado una que otra oportunidad. —A demás después escucho quejas de que el caballerismo murió.— Agrego para que la excusa sea mas solida. —Vamos, nadie muere por dejarse invitar, además no es que vaya a esperar algo después de la cena, solo es una cena— Levanto los hombros y los dejo caer. —A no ser que tengas miedo de lo que dirán las demás personas si te ven cenando con un profesor, a lo que te respondería que no debería importarte.—

—Definitivamente es lo que los hace divertidos, por lo menos a algunos, otros a veces suelen ser un poco amargos y con un ego demasiado grande. Tampoco puedo decir mucho, estoy en el grupo de los ingenieros.— Respondo plenamente consciente de que, justamente el grupo del que formaba parte, no era ni el mas gracioso ni el mas humilde, por lo menos en su mayoría, y los ingenieros ya tenían la fama de ellos siempre tenían la razón, incluso cuando no era así. Las generalidades siempre estaban por todos lados, y eran inevitables, juzgar a las personas era cosa de todos y de todos los días, era agrupar por agrupar. —No juzgues a los jóvenes, yo soy uno de ellos, pero si es verdad, cada tanto pasar que todos son jóvenes o todos son viejos, mi desgracia fue que me agarro, cuando estudiaba, la etapa de profesores de tercera edad o de cuarta, eran como un papiro reciclado, y la mitad estaban sordos. Por lo menos esta generación escapa de eso— Bromeo recordando a mas de un profesor que eran excelentes y que habían enseñado tantas cosas que era imposible enumerarlas todas, pero habían tenido ese problema. Paso una mano por la espalda de la morocha para correrla en la calle de una forma no abrupta y evitar que atropellara a cualquiera de los dos, y luego la retiro cuando el hombre se aleja. —Es acá— Indico señalando un lugar que se veía en la esquina, de luces amarillas y muebles de madera, con unas fotografías de los platos que servían que se veían bastante completos y apetitosos. —No eres vegetariana ¿O si?— Pregunto a cambio de responder el comentario que la joven no había respondido, por mi mente lo único que había logrado sacar era que la joven tenía cierta habilidad para desviarse de tema. No es que fuera mi problema o mi vida, yo no tenía ni voz ni voto en el tema, pero no me sorprendería que la autoridad que Jacqueline llevaba a todos lados también llegara a su hija y le impusiera mas de una cosa que la chica no tenía deseos de hacer, pero no entendía porque esta no se revelaba contra su madre.




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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por W. Raven Seeber el 7th Diciembre 2014, 6:29 pm

Nina era una de esas personas que afirmaba que los caballeros habían muerto, pero no era por el clásico cliché de las mujeres que esperaban ser contrariadas y que luego llegara un sapo y las besara para demostrarles lo que ellas tanto se negaban a creer. Winona tenía las raíces suficientes para poder sembrar firmemente la opinión de que no creía en los hombres, mucho menos en el amor, ¿cómo no hacerlo?, no había sido una decepción amorosa, una pelea, un chico que la dejara por otra, no, había sido algo mucho más fuerte que eso, mucho más… traumante, si, porque Marius había tomado todos sus sueños e ilusiones en un puño y literalmente lo había estrellado contra el rostro de Raven para luego dejar marcas en su cuerpo y en su alma, él había acabado con la idea de amor de la muchacha. Raven quería creer que lo amaba, o que en algún momento lo hizo, que realmente deseó pasar su vida con ese muchacho de ojos claros, pero lo cierto es que las pesadillas le habían pisado tanto los talones fuera y dentro del hospital que no podía siquiera intentar recordar algún buen momento con Marius, o alguna ilusión en sus ojos las tardes de fotografía, de helados y cine, no, no podía. Desde luego rogaba porque Nashvel no supiera nada de eso nunca, no tendría porque hacerlo, era un profesor con prioridades lejos de ella y una hija que ocupaba toda su atención. La pureza de Raven estaba a salvo con él. Tampoco podría mostrarse grosera o seguir con las negativas cuando él solo quería tomarse un gesto educado con ella. Así le pareciera un abuso de su propia parte la chica terminó por asentir. —Esta bien, acepto—. Comenta con una ligera sonrisa y su último comentario la hace negar un poco. —Debería preocuparme, no es muy común, pero lo cierto, y con todo respeto, es que no pareces un profesor de esos que se ven en Sir Thomas, si no te hubiera conocido quizás te sumara unos años pero no te catalogaría con la autoridad que te dio mamá.

Raven camina a su lado y lo escucha mientras sonríe. En literatura los profesores se dividían, habían chicos como Nashvel, quizás un poco mayores pero al fin y al cabo jóvenes, y también existían aquellos que gozaban de sabiduría y valentía para no considerar entre sus opciones irse de la universidad, si había alguien que conocía del tema era ella, su misma madre le había dicho que trataba de contratar a gente joven para que todos se sintieran más a gusto y sin que las cosas fueran una dictadura, incluso porque personas como Nash eran capaces de predecir cualquier además de rebeldía, Nina aseguraba que la segunda razón era la más poderosa de todas. —En literatura hay un equilibrio, y quizás suene algo chapado a la antigua pero prefiero las clases de los profesores con más experiencia, son muy interesantes, aunque hay preparadores que también tienen lo suyo y te explican cosas nuevas que quizás los más antiguos no quieran toca—. No logra atinar a reaccionar cuando él pone su mano en su espalda, sin embargo siente algo leve, un cosquilleo o una leve electricidad que recorre la parte donde su mano reposa por breves segundos. Nina solo voltea cuando ya está lejos de la calle y una bicicleta pasa a todo pulmón, de nuevo y en silencio la había salvado. No alcanza a dar las gracias y le apenaba tener que hacerlo al darse cuenta lo débil que era y que él había tenido que salvarla más de una vez, además que el hecho de ser un profesor joven influía porque tenía esa autoridad de la que ella no se podía desprender y a la vez la juventud y la experiencia que la aturdían un poco y la ponían algo torpe en sus respuestas y acciones.

Niega mientras lo ve —No, como de todo, así que no hay problema—. Le asegura, la prueba de su madre con una alimentación vegetariana solo había funcionado dos semanas, luego de ese tiempo Nina necesitó una dosis exagerada de carnes rojas y blancas. Pasa al lugar, era cálido y le gustaba, no había tantas personas y era pequeño, un tanto íntimo pero eso no le molestaba, prefería eso a un lugar lleno de personas que iban de un lado al otro. —Es muy bonito—. Comenta con una sonrisa amplia mientras busca una mesa con la mirada. Una muchacha rubia, de ojos marrones y mejillas sonrojadas se acerca con una libreta en mano. —Buenas noches, me llamo Mackenzie, tienen espacio dentro del local pero si quieren más privacidad la parte de afuera está vacía—. “Privacidad”, Nina abrió mucho sus ojos porque la sonrisa de la muchacha y aquella sugerencia había dejado mucho de qué hablar, ella no era tonta pero esperaba que la imagen que diera estando con Nash no fuera la equivocada. Además, ¿Qué podrían pensar?, ella, una chica de jeans, vans, una camisa larga y abrigo, con el cabello más despeinado que peinado, y él tan pulcro, elegante e imponente, era absurdo. Winona mira a su acompañante y se encoge de hombros. —Me gustaría afuera pero solo porque acá hace un poco de calor—. La excusa era muy tonta, principalmente porque no hacía calor, pero ella no podía decir ”Quiero ir afuera pero no por privacidad, es mi profesor. Finalmente la muchacha los guio, solo habían cinco personas, una pareja y una familia, los ubicó en la mesa del medio, era como una pequeña terraza cubierta de cristales, el frío no se sentía y menos con una pequeña luz en el centro de la mesa. Les entregó el menú y Raven, aún con las mejillas ruborizadas y sin darse cuenta, se puso a analizar que podía pedir.


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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por Nash K. Fallamhain el 8th Diciembre 2014, 2:03 pm

El tiempo cambia a las personas, por lo menos eso es lo que dicen todos. Cambian su forma de ser, su forma de actuar, pero ¿Cambia todo? Yo no pensaba así, el tiempo daba madurez, pero eso no implicaba que todo en uno cambio, yo podía notarlo en mi mismo. No era la persona que era años atrás, pero seguía siendo la misma persona. Contradictorio ¿No? ¿Como se puede dejar de ser uno y seguir siendo uno al mismo tiempo? La filosofía nunca había sido mi área de especialización, en mi opinión esas personas vivían bajo el efecto de alguna droga para poder pensar como pensaban, pensar cosas tan disparatadas. Por lo tanto llegué a mi propia conclusión de lo que esta pregunta significa, era algo mas matemático, y el problema estaba en que cuando decían que uno cambiaba, suponían un conjunto entero, y no era verdad, cambiaba una parte, la que el resto notaba, a veces no, pero así era la mayor parte de las veces. Yo había cambiado muchas cosas de mi forma de ser, pero no de mi forma de pensar, y definitivamente, nunca vería al profesorado como una autoridad en clase, porque no era así, no para mi. —Lo vez desde el lado equivocado— Comienzo a decir, alzando ligeramente una ceja. —Tu madre no me dio ninguna autoridad, me dio una responsabilidad, que es enseñar, que su obligación sea aprender, no me hace a mi la máxima autoridad, pero que estén en mi clase me hace responsable de lo que les pueda pasar en la misma. Los profesores no somos autoridades, somos trabajadores, como cualquier otra persona, solo que algunos prefieren darse mas importancia porque siempre esta el dicho que dice que el que sabe sabe y el que no sabe enseña. Es como si de esa manera se levantaran la autoestima. Pero que alguien que es mayor a ti te diga que algo es de una forma, no tiene porque ser cierto solo porque lo dice una persona a la que respetas. Y estoy seguro que no soy como los papiros que dan algunas clases, para mi solo se debe respetar a los profesores, pero como se debe respetar a cualquier persona con la que uno se cruza. Pero ten cuidado, me gane muchos problemas por pensar de esa forma— Muestro una sonrisa de lado y observo por un momento a la jovencita, era imposible no ver a un estudiante y no notar lo mucho que les faltaba vivir y descubrir. Muchos se veían tan inocentes, tan frágiles, que a veces me daban ganas de explicarles todo lo que podía llegar a pasar en la vida, luego recordaba que siempre era mejor que lo descubran por ellos solos. Pero eso era lo que me estaba invadiendo en ese momento, una necesidad de proteger a la joven.

—Depende mucho de la materia. No te ofendas, pero libros salen todo el tiempo, pero nuevos avances en la literatura, es mas complicado. No me mal interpretes, no escuche que haya salido un nuevo genero literario y demás. En matemática, por ejemplo, todos los meses hay actualizaciones, al igual que en medicina y en física, química y no se que otras mas. Tu vez la diferencia en que una persona mayor, pudo haber leído mucho mas, vivido mucho mas, saber mucho mas sobre el tema. No es lo mismo en esas materias que acabo de mencionar, a veces es necesario ver la nueva versión. Desde que me he recibido he ido a actualizaciones una vez por trimestre, y mas de una vez tuve la sensación de que me gradué hace miles de años, porque todo el tiempo se están sumando cosas nuevas, teoremas, demostraciones, y demás cosas que facilitan muchas cosas. Y a esas actualizaciones, te puedo asegurar, que solo deben ir el diez por ciento de todos los profesores mayores a cuarenta años. Y cuando te toca un profesor así, y no sabes en verdad lo que esta pasando trae muchos problemas a futuro. No es solo que tu prefieres, a ti te conviene, pero no es así en todas las áreas.— Guió a Raven hasta el lugar, y sonrió cuando escucho su comentario. —Así me gusta, no sabes la cantidad de charlas que nos dan para que estemos atentos a las estudiantes por si bajan de peso demasiado rápido, porque todas las dietas macrobioticas y esas cosas están generando miles de problemas, en especial para el desarrollo— Explico de manera rápida, dado que los emparedados que hacían en ese lugar no eran para nada comida de vegetarianos. Aunque había otro tipo de comidas.

Abro la puerta y espero a que pase antes de seguirla. En seguida una chica se acerca y tengo que morder mis labios para evitar que se escape una sonrisa al ver la expresión del Raven ante el comentario de la chica llamada Mackenzie. —Claro— Asiento un par de veces, aún conteniendo la sonrisa, y dejo que nos guíen afuera. La parte de afuera siempre había sido mas bonita que la parte de adentro, mas porque estaba todo adornado con luces y ya habían colocado un árbol de navidad con decoraciones en juego pero no muy llamativas. Tomo asiento en la mesa que nos indican, y no evito sonreír al notar sus mejillas ruborizadas. Tomo el menú y comienzo a leer, aunque ya estaba casi seguro de que iba a pedir. —Si quieres puedes decirle que eres mi hermana— Bromeo sin apartar la mirada de la lista de posibles pedidos. —Te preocupas mucho por lo que la gente puede llegar a decir ¿Verdad?— Esta vez alzo la vista por arriba de la cartilla. La sonrisa ya se había borrado, pero aún sentía curvadas las comisuras de mis labios. En lo que a mi respectaba nunca me había importado mucho lo que las demás personas pudieran decir, no entendía porque las personas se preocupaban tanto en verdad, era un país libre al fin y al cabo. La risa de un niño hace que me gire a la familia que estaba comiendo, y observo a la madre que ya le estaba gritando para que se quedara quieto. La reconozco de las reuniones de padres, y miro al esposo que me devuelve la mirada, asiento, y este también, aunque no se acerca a saludar ni yo lo hago. Esos padres eran las clases de padres que pensaban que alguien como yo, no podía estar a cargo de una niña. —Te pondré un ejemplo— Le digo volviéndome a Raven y a la conversación que teníamos, pero bajando el tono de voz para no llamar su atención. —¿Ves a esa familia? En la primera reunión de padres, me preguntaron donde estaba la madre de Hanna, les dije que había muerto... y me preguntaron donde estaba el responsable de la niña, cuando les dije que era yo, me preguntaron porque no se la dejaba a alguien mas. Uno tiene que aprender a vivir con los pensamientos de las demás personas. Además aún no existe la telepatía para que podamos escuchar todo lo que piensa la otra persona, a veces agradezco por eso—




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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por W. Raven Seeber el 8th Diciembre 2014, 3:54 pm

¿Cuando un hombre de apariencia tan joven había envejecido tanto? Nina no tenía recuerdos muy claros de su boda, por lo menos no de la fiesta, la ceremonia en si o el orden de palabras del sacerdote, pero si algo recordaba era haber visto a un Nash mucho más joven, mucho más vivo, con una chispa en sus ojos parecida a la que ella aún tenía pero más tenue; temblaba, caminaba de un lado a otro, incluso a su entrada parecía tropezarse, hablaba con ella con un tono jovial, palabras menos rebuscadas, en fin, con mayor libertad, no se ataba a las cosas, no pensaba en filosofías, solo en el momento, era joven, quizás como ella. Raven supuso, y claramente supondría siempre ya que no se atrevía a preguntar, que la muerte de su esposa y la crianza en soledad de su hija habría sido el detonante suficiente para que Nashvel cambiara y ahora fuera tan analítico, tan detallado, honesto pero un hombre al fin y al cabo, no un adolescente que se equivoca constantemente y habla tonterías. Cada vez que hablaba la hacía sentir intimidada, lejos había quedado la etiqueta de profesor, pero sus palabras la hacían sentir minúscula, una niña frente a él, una pequeña que no sabía cómo expresarse y que metía la pata, por ello no había emitido muchos comentarios desde que pisaron la parte trasera del local, no se sentía apta para contradecirlo y sabía que muchos de sus comentarios la dejarían aturdida y que si respondía probablemente quedaría en ridículo o él tendría que llevarla por el buen camino y explicarle cuan equivocada estaba. El primer comentario la deja callada, ella no dice mucho y solo asiente o murmura algunas aceptaciones, él tenía razón y le agradaba conocer a maestros como Nash que, más que un privilegio, veían su trabajo como lo que era; una labor. Lo segundo llama su atención y hace que gire a verlo, Raven veía en sus palabras a su hermano, siempre tan metódico, tan adicto al orden, a las ciencias, a lo que podía palpar y ver, lo que explicaba el funcionamiento de los sucesos… todo, le parecía estar escuchando a Pyter. Por mucho que Raven hubiera intentado meterlo en su mundo de libros, poemas y emociones, él solo había aceptado hasta cierto punto que su hermana no había podido cambiar. —Difiero de usted, solo en la parte de los avances, verá, quizás la literatura no tenga fórmulas y avances científicos, pero tiene algo que si cambia, y cambia dentro de cada uno; la forma de apreciar la belleza, el amor, el dolor, las lágrimas, eso progresa, avanza dentro de nosotros porque somos humanos y solo las caídas y emociones nos hacen crecer y en lo particular pienso que esos avances simbolizan más que el conocimiento en sí de las cátedras, precisamente porque de no ser así no estaríamos aquí. He leído mucho y créame cuando le dijo que en un libro de literatura, quizás no encuentre ecuaciones pero si un reflejo de eso, de su sentir, profesor.

Sus palabras llamaron su atención, hasta entonces Nina solo se mantuvo con la vista fija en el menú buscando algo que en realidad le provocara, vio un emparedado en un pan dulce, con vegetales, tiras de pollo y una mezcla de salsas que le hizo recordar cuanta hambre tenía, estaba viendo la lista de las bebidas cuando tuvo que alzar sus ojos para prestar atención, al principio sonrió un poco y negó. —Sería poco creíble, somos muy diferentes—.  Sin embargo lo siguiente borra por completo esa curvatura; voces como la Oliver, Pyter y Liv llegan a sus oídos con la oración que Nash le dedica, por otro lado este no se percata del cambio en las expresiones de la castaña ya que gira y Nina ve como reconoce a la familia, seguramente por la escuela de su pequeña hija. Lo escucha y parece entender pero no está del todo conforme con quedarse callada. A ella la moldearon desde pequeña, le enseñaron como vivir, la escondieron tras las faldas de su madre, especialmente luego de lo que pasó con Marius, quizás de pequeña no lo entendía pero luego de lo que sucedió con el chico pensó que sería la mejor manera de esconderse del dolor y de todo lo que se avecinaba. —Es… complicado—. No quería ser grosera y probablemente explicarle todo aquello iba a necesitar de tocar puntos que ella no se sentía preparada para discutir, no con un desconocido que no conocía nada del asunto. —Cuando creces así y… pasan cosas… es decir, no elegí crecer de esa manera, pero hay cosas que me hicieron ver que… estar tan cerca de mi madre podría ahorrarme muchos… muchos problemas y… pues no es de extrañarse que la decana Seeber se preocupe por lo que todos dicen—. Comenta con una curvatura un tanto sarcástica. Mackenzie llega justo a tiempo y no necesita decir mucho ya que tiene un lapicero en sus manos y una libreta. —Quiero el número siete, por favor, y un jugo de naranja, solo eso—. Espera a que Nash haga lo mismo y entrega la carta formulando un ”gracias”.

Un poco más relajada, Nina deja caer su espalda en el asiento mientras apoya su rostro en su mano y ve al docente. —Sin embargo es algo que estoy resolviendo, con el tiempo, espero solucionarlo en algún momento, pero por ahora, no quisiera hablar de eso.


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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por Nash K. Fallamhain el 9th Diciembre 2014, 4:49 am

"Nosotros vamos a ciudarte y a protegerte, nosotros vamos a educarte y vamos a hacer tu hogar, para que tu puedas ir y venir cuando quieras y siempre puedas confiar en nosotros, regresar a casa, si haz cometido un error". Siempre me había llamado la atención los ojos color chocolate de Sasha, por mas que esta tenía la cabellera rubia y voluminosa, sus ojos eran los que mas resaltaban en su rostro un poco redondo, pero con facciones finas y pequeñas, excepto los ojos, los ojos de ella eran grandes y marrones, brillantes, expectantes, maravillados, siempre llevando toda la atención. Solía pararme en el marco de la puerta mientras Sasha le decía esas palabras a una bebe que tenía los ojos con las mismas cualidades que la madre, y que observaban a la misma hablar y se quedaba callada como si entendiera lo que pasaba, por lo menos hasta quedarse dormida. Una de nuestras primera metas era lograr que durmiera en la cuna en vez de en nuestra cama, cosa que había echo los primeros meses dado que se despertaba cada hora. Luego ambos íbamos a la cama, y me quedaba dormido con las palabras de mi esposa retumbando en mi cabeza. Al despertar, la niña se encontraba entre nosotros. Yo era el primero en despertar, solía acariciar su cabeza pequeña que parecía que la podía aplastar con un mal movimiento. Al final la niña abría lo ojos, y me la llevaba antes de que la madre despertara y se pusiera mal de que no podía hacer que su beba cumpliera con su deseo. Tras su muerte, Hanna solía mantener la costumbre, ir a la cama, pocas eran las veces que la sentía llegar, muchas las veces que me daba cuenta cuando despertaba y la veía a mi lado. También mantuve la costumbre, acariciar su cabeza, entrelazando mis dedos en su pelo hasta que despertara y luego íbamos a desayunar. Era en esos momentos cuando me daba cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo, de lo mucho que crecía. Era como un abrir y cerrar de ojos, era una bebe que solo sabía decir mama y papa, y al segundo era una niña que aprendía palabras nuevas todos los días y las repetía hasta poder pronunciarlas como era debido. Nunca nos dábamos cuenta del camino, nunca prestábamos atención, porque cuando día a día los cambios son pocos, nunca nota lo mucho que pase, hasta que ve que en realidad fue así. Me pasaba lo mismo al ver a Raven, notar como tomaba su postura y la defendía con la suave melodía de su voz. La sonrisa en mi rostro surge despacio, y no me doy cuenta de que estoy sonriendo, satisfecho de lo que escucho, hasta que termina de hablar.

—Bien, pero hay una diferencia entre los avances que producen en nosotros ciertas cosas, y los avances que avanzan incluso cuando nosotros no lo notamos, esos son avances de la materia, los puedes notar, los puedes ignorar, pero aún así están ahí. Las emociones en cambio pueden ser mal interpretadas, al igual que las sensaciones, uno puede confundir odio con amor, confianza con lealtad. Las emociones dependen, dependen de quien la recibe, y si produce lo que tu dices, pero no es en todos así, para algo se definieron las leyes universales, hay cosas que por mas que niegues mil veces no cambiara, las emociones si pueden hacerlo, solo basta un momento adecuado, incluso pueden dar un vuelco cuando menos lo esperas. Puedes odiar, entender y lamentarte, esas cosas no son predecibles por la naturaleza humana en su plenitud, puede que si te enfocas en una persona si, pero no en un grupo entero. Es lo que me gusta de las matemáticas, son simples, si un numero pertenece a un conjunto entonces no puede pertenecer al contrario, y a partir de que se define que es, se puede predecir su comportamiento en base a los resultados de otros números que estén en el mismo conjunto. No pasa lo mismo con las personas. Puedes elegir el conjunto de los morochos, y te encontrarás personas amables y también personas egoístas, cuando quieres darte cuenta lo único que puedes definir de ese conjunto es que tienen una cosa en común, el color de pelo, todo lo demás cambia según la persona que tomes, según el estado de ánimo de ese día, o si su novio lo abandono y ahora esta solo, o si encontró a unos amigos que no veía hace años. Son tipos de avances diferentes, pero me gusta tu manera de pensar. No deberías cambiar eso, porque cosas así son las que diferencian del resto, lo que nos diferencia a ti y a mi, y a ti y cualquier persona.— Había abandonado ya hace tiempo el tono socarrón que se elevaba una octava mas alto de mi nivel de habla normal, ahora casi nunca levantaba la voz, era muy inusual que eso pasara, por lo que mi voz no es agresiva, y, yo, no siento que emane tozudez. De igual forma sonrió para animar a la jovencita.

Mi espalda se pone rígida y presto suma atención a lo que dice. Apoyando los codos en la mesa entrelazo mis dedos y cada tanto apoyo mi mentón en mis manos. Liberando el contacto para que no pareciera que el tema me aburría. Estaba por responder cuando la moza se acerca para tomar el pedido. —Un numero seis para mi, una porción de papas grandes, con aderezos, por favor y unos nachos para picar mientras esperamos el pedido. Para tomar te pido una limonada sin azúcar y con hielo— Le entrego la cartilla y la misma se va. Asiento cuando la veo relajarse y afirmar que no quería hablar mas del tema. Me tomo unos segundos para observarla con detalle. Era como observar a una persona a través de un cristal, estaba ahí, cualquiera podía verla y notarla, pero nadie se le podía acercar, el vidrio la protegía de cualquiera que intentara entrar mas allá de los límites. —No podemos cambiar nuestro pasado, ni las cosas que pasaron, arrepentirse no es una opción y tampoco maldecir. Pero podemos elegir que hacer en un futuro, si deseamos seguir adelante o si queremos volver para tropezar con una piedra. Si no quieres hablar del tema no te forzaré, pero si un día quieres hablar, espero que sepas que el departamento de ingeniería esta en la segunda planta, al fondo a la derecha, puedes buscarme, casi siempre estoy por ahí, me aburre la sala de profesores, y en esa área hay un ping pong— Muestro una sonrisa, y me fuerzo a pestañear varias veces, sintiendo los ojos secos al hacerlo por primera vez. Era una vieja costumbre, mirar fijo a las personas, olvidar un echo tan humano y natural como lo era cerrar los ojos por unos segundos para nutrirlo, pero a veces odiaba perderme esos segundos de vista. —Y... ¿De que quieres que hablemos? Puede hablar de casi cualquier cosa, de arte se poco, al igual que de literatura, pero puede escuchar cuando me hablan de ello. Propondría hablar del tiempo y que dicen que nevara pasado mañana, pero es muy cliché, también puedo comentarte que la razón por la que esta zona en el exterior no siente el frío que arrasa con la ciudad cuando se esta fuera de un establecimiento es porque tienen la calefacción en el piso, y también esta escondida detrás de la madera que hace de pared, pero estoy seguro que no te interesa, por lo tanto dejo a tu criterio el tema a hablar, salvo que quieras que te cuente como todos los días evito que mi gato se coma a mis peces— Sonrió a medias, y la moza, cuyo nombre ya había olvidado, aparece con las bebidas y los nachos. No dudo en tomar uno y pasarlo por el queso cheedar, y luego por la salsa picante. —Ten cuidado, esta tan picante que a veces parece que podrían prender fuego la ciudad con la misma— Le advierto antes de mandarme el nacho a la boca.




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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por W. Raven Seeber el 9th Diciembre 2014, 5:25 pm

Raven era analítica. Desde que tuvo uso de razón analizaba a las personas, las detallaba, siempre buscaba saber más así las palabras no fueras las protagonistas, lo había aprendido de su madre, era un toque que Jacque mantenía aún en la actualidad y que probablemente era el secreto de su éxito ante las personas y ante cualquiera que cruzara su camino y se atreviera a subestimarla. Claramente no era el caso de Nina, ella había heredado el don pero lo usaba de manera diferente, completamente opuesta, no para lastimar o para aprovecharse de las debilidades de otros, a la castaña solo le gustaba mirar, saber más allá de lo que decían las palabras que no eran ni la cuarta parte de lo que Nash o cualquiera pudiera profesar así el tiempo fuera extenso y nadie los estuviera corriendo. Él no era un chiquillo y en ese momento Nina estaba experimentando lo que era salir, así fuera a una cena amena con una autoridad de la universidad, con un hombre de verdad y no con los chicos de la universidad que, en su mayoría, hablaban sin cesar y buscaban agradarle sin detenerse en los pequeños detalles que reposaban en los libros y que muchos en los tiempos presentes catalogaban como algo perdido; la caballerosidad. Quizás ya fuera parte de él, pero la muchacha no pasaba por alto su ademán a protegerla, a evitarle un accidente de bicicleta, el orden de los platillos, probablemente un chico de su edad habría pedido una gran hamburguesa y una cerveza y estaría hablando sin parar, si se iba al común de los casos claramente. Nash era joven, era evidente, pero Nina se debatía si creer que era parte de su edad o de una rápida madurez. Eso no hacía más que empequeñecerla más de lo que ya estaba, hacerla sentir fina, torpe y muy diminuta a su lado, no solo porque el maestro gozaba de evidente belleza física, sino porque intelectualmente y en su manera de comportarse estaba lejos de entrar al círculo de Winona, sin embargo esta se mantiene serena, no dice nada, aprendió a comportarse con todos y esta vez no iba a ser la excepción. -No tienes que preocuparte, ya lo estoy haciendo, en verdad, quizás no sea tan evidente, pero sé que estoy progresando un poco, a mi ritmo... conforme las cosas pasan-. Nina sonríe bajando la mirada, en sus mejillas se forman un par de hoyuelos y ella acomoda su cabello de nuevo mientras frota un poco sus manos, había decidido no pensar en los sobres, en las facturas encontradas, no cuando le venía un mundo encima; llamar a su hermano e ir a las empresas de envío, todo era más complicado de lo que pudo haber sido un día, cuando ella y Pyt se sentaron frente a la fuente a "planear" una aventura. -Si, creo saber donde es.

Nina lo escucha y conforme habla con tal rapidez y elocuencia la muchacha no puede evitar abrir cada vez más sus ojos color chocolate; no pierde el hilo, sabe lo que dice, incluso parece que lo hubiera leído horas antes para no equivocarse y ser esa conversación un libreto planeado. Pero al terminar y Nina notar que los nachos estaban sobre la mesa y que su distracción le impidió darse cuenta de las cosas, no pudo evitar soltar una risa un tanto nerviosa y divertida, en menos de un minuto Nash le había dado la palabra luego de darle a entender que sería ella quien tomara las riendas de la conversación. Un poco aturdida recuerda que la comida está sobre la mesa y que su falta de alimentación ahora le exigía comida, una sensación que había olvidado luego de discutir con Jacqueline. -No... Es decir, me gusta el picante, mi abuelo y yo somos los únicos en casa que lo toleramos, a veces hacemos cata de picantes, compramos de varias marcas mientras él ve los partidos que le gustan, mi mamá sufre cuando lo come y la abuela... creo que si come sopas todo los días es demasiado-. La joven toma un nacho y con un palito de madera coloca el picante como base, luego encima hace lo mismo con el queso y da una mordida antes de que todo se caiga. Su paladar tarda en arder pero no lo siente, por lo menos no demasiado, aunque si continuaba en grandes cantidades tendría que pedirle a la mesera que se apurara con su bebida. Nina limpia sus labios torpemente por si algo se salió de su lugar. -Esta... muy bueno, puedo soportarlo, pero el truco está en ponerlo de último, ¿ves?, o es lo que me ha funcionado a mi-. Nina toma un nacho, coloca la salsa de color, un poco menos que el anterior, y coloca la salsa de queso por encima haciendo invisible el picante, se lo tiende con cuidado. -Toma, prometo que se va a sentir mucho menos, creo que porque se pierde con el nacho mientras lo de encima te cubre todo el paladar-. Ella parecía estar sintiéndose más a gusto. La mesera sirve las bebidas y anuncia que en pocos minutos traerá la comida, algo sucedía con la salsa especial del emparedado de Nina.

La muchacha se inclina y da un sorbo a su bebida para luego limpiar sus manos entre si y ver a Nashvel. -Bien, vale, íbamos por... ya recuerdo. No quiero incomodarte con humanidades, me extiendo y hablo demasiado y no creo que sea la idea. Sé que va a nevar, lo estoy esperando, particularmente me gusta la nieve aunque a veces me resfrío con facilidad, un tanto paradójico. Sería interesante saberlo, en serio, pero no te podría seguir la conversación y... ah si, tengo un perro así que no tengo la suerte de ver como se come a mis peces, aunque tampoco he tenido peces, mi hermano era el que alimentaba a los que teníamos-. La castaña se encoge de hombros mientras toma otro nacho, esta vez solo con salsa de queso. -¿Tienes planes para navidad?, es que... vale, estoy organizando con algunas chicas de la universidad un evento, pensamos ir a una fundación de niños, pintar un poco, quizás llevar obsequios... puede ser divertido, incluso, no lo sé, podrías llevar a Hanna, seguramente le gustaría, tengo libros con dibujos, y algunos lápices de colores si no quieres que se llene de pintura-. La idea cruzó por su mente y no entendía porque lo había mencionado con tanta facilidad, aunque mientras más personas fueran era mejor y terminarían a tiempo un buen trabajo. -Y vamos a decorar el árbol de navidad y las calles otro día, aunque probablemente en la noche pero... si quieres puedes ir, digo, es entretenido en estas fechas ver las calles con luces-. Finaliza moviendo sus manos para luego inclinarse y tomar otro sorbo mientras ve como Mackenzie se mueve por las mesas con unos platos en la mano.


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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por Nash K. Fallamhain el 9th Diciembre 2014, 6:44 pm

Había aprendido a reconocer las miradas de las mujeres, por lo menos las principales, las reprochantes que sugieren dejar de hablar, las miradas llenas de asombro, como si hubiera llegado a llenar su vida de fantasías y cuentos de hadas, las expectantes, y luego estaban miradas como la que Raven me lanzaba en ese momento, que no era fácil de averiguar. Sus ojos bien abiertos y su boca entre abierta indicaban sorpresa de que pudiera decir algo como lo que había dicho, pero también había algo en la linea de sus ojos que parecían investigar si mentía o si me había apoderado de las palabras de otras personas, podría haber sido así, no estaba muy seguro, poco había leído en mi vida, pero a veces solo había que conservar los pensamientos importantes, las cosas que nos ayudaban a superar las cosas de nuestra propia vida, o aquellas que nos llenaban de gracia y tristeza, aquellas que nos hacían sentir. Le sonrío sin saber bien porque lo hago, pero me sentía bien en su compañía. Me sentía a gusto, como uno se siente en compañía de un amigo. Me relamo los labios mientras cruzo mis brazos y los apoyo en la mesa para poder inclinarme un poco mas hacia delante y escucharla mejor. Alzo las cejas cuando escucho su explicación y como llena bien el nacho con picante antes de llevarlo a su boca, pase el brazo por detrás del respaldo, listo para girar a donde estaban los mozos en caso de necesitar agua, pero en cambio la chica no pareció necesitar nada de eso. Observo su movimiento y me quedo observando su mirada mientras mira aquel nacho con cierta desconfianza.

Siempre llega un momento de verdad, el click que hace nuestra mente, que nos hace despertar algunas veces, otras veces, solo nos hace actuar. Llego un momento en que creí que podría amar para toda la vida, entonces mi amor se perdió y solo quedo agonía y dolor. Llego el momento en que creí que no podría seguir, y entonces llegaron risas y abrazos que me regresaron a la realidad. Nunca confíes en nadie, me había dicho infinidades de veces, regalar sonrisas, regalar un gesto amable es una cosa, vivir esperando cosas de los demás es otra completamente distinta. Recordaba a mi padre untando en un pedazo de pan tostado una salsa de color rojo que tenía algunas cosas verdad y otras naranjas, me había dicho que era rico, entonces lo pobre. Las miradas de sus amigos me observaban expectantes y entonces lo sentí, el ardor en mi garganta, en mi boca, en mi lengua, quería escupir, quería tragar, quería agua y quería olvidar. Con ojos llorosos pedía agua, y solo recibí a cambio risas y palmadas en la espalda que no eran de ayuda, que me quitaban lo poco que quedaba de respiración. El ardor se esparcía por toda mi garganta, por mi pecho, hasta llegar a mis pulmones. El aire se volvió pesado, el aire dentro mio que no podía liberar para respirar de nuevo. El piso cada vez estuvo mas cerca hasta que pude sentir lo frío que se encontraba y lo siguiente que supe es que estaba en un hospital. Una enfermera me tomaba la temperatura, y me decía que todo iba a estar bien. Alérgico al picante, dijo el doctor mientras me recetaba medicamentos y me decía que podía ir a casa. Al subir al auto mi padre seguía riendo, diciendo que debería haber visto mi propio rostro, yo me mordía el labio porque el no sabía de la desesperación que había sentido, de lo mucho que había ardido y de mis pensamientos que me decía que ese era el final. No se podía confiar en nadie me repetía desde ese momento. Había probado nuevamente comida picante, en menor cantidad no me hacía nada, pero lo que mi padre me había dado hubiera podido matarme sino hubiera tenido tanta suerte. Desde ese momento me había dedicado a guardar cierto recelo a la confianza, a ver primero como las personas tragaban antes de probar lo mismo. Había sido mas cuidadoso y precavido, había aprendido a observar y a decir no, pero incluso cuando aceptaba, nunca llegaba a confiar a fondo en la otra persona. Cruzo mi mirada azul con la de ella, y como Raven extiende el nacho hacia mi, esperando que lo tomé. Una voz en mi mente me decía que no me haría daño, otra me decía que recuerde las experiencias, pero en ese momento solo podía pensar una cosa, que había llegado el día en que volvía a confiar en otra persona plenamente sin conocerla lo suficiente. Sasha, Carmen, Meridia, habían ganado su confianza lentamente, Raven la había ganado en menos de cinco cuadras. Tomo con cuidado el nacho y me lo llevo a la boca, solo para sentir, solo para saber, que la joven tenía razón, no se sentía tan picante, no se sentía tanto ardor, y la mejor parte, no me estaba agarrando un ataque alérgico. Por mi mente recordé a Meridia recordarme que debía cuidar mas mi salud, pero le sonreí a la joven. —Muy buena idea, cubrir el problema hace que uno lo sienta menos— Le digo concediéndole la razón, y dejando en el pasado el tema del que veníamos hablando. No tardo en dar un sorbo a la bebida ni bien la traen, y me digo que basta de picantes por esa noche, aunque se que me miento a mi mismo, porque me era fácil caer en la tentación nuevamente.

Suelto una risa mientras escucho como comienza a hablar respondiendo a cada sugerencia que había dado. Y doy un sorbo a las bebida sin cuidado de acabarla antes de que llegué la comida. —¿Quien no se resfría en invierno? Siempre he odiado engriparme, la sopa no es mi comida favorita y estar en cama es demasiado aburrido.— Comento con una sonrisa en mis labios compartiendo sus palabras. —Es una suerte que no tengas que luchar contra la naturaleza, pero entonces le sugeriré a tu madre que te compré un gato para saber que se siente, te puedo asegurar que es demasiado divertido, excepto cuando te desaparece un animal. De chico solía ponerme mas triste, ahora solo se que tengo que reemplazarlo antes de que Hanna note la falta.— Frunzo el ceño ante su pregunta, pero luego me relajo y asiento. —Son las actividades que siempre están presentes en estas fechas, escuche de algunas y me he anotado a aquella en la que se decora la cuidad, me he anotado en la misma desde que llegué a Londres en mi primer año de universidad, si quieres una confesión de un viejo, era mas divertido en ese entonces, era mas ilegal de lo que es ahora. El año pasado la policía nos saludo al pasar por su lado, pero no te confíes, aún así arrestaron a un chico que paso toda una noche en la cárcel, y estuvimos horas para poder tramitar sacarlo sin que sus padres se enteren. Se podría decir que haya una persona mas adulta que solo niños, algunas veces, ayuda, otras trae mas problemas. Aunque me alegrara verte por estos días, es una actividad muy satisfactoria. Me recuerda lo mucho que me gusta la navidad— Muestro una sonrisa, pero se que no es tan alegre como me gustaría que fuera. La navidad siempre me había recordado lo solo que estaba y lo poco que le importaba a mi familia, Sasha era quien me había enseñado a amarla por su magia y por sus maravillas, solo decir eso me recordaba que pasaría otro año sin ella, pero sabía que así sería hasta el final de mis días. —En cuanto a las pinturas, no gracias, yo he probado lo que pasa cuando se le da un pincel a un niño y, aproximadamente, tardo una hora en limpiar lo que esa enana provoca en un minuto.— Comento para poder tener una razón para sonreír, y para recordar buenos momentos que me alegraban en día, por mas que no lo habían echo en el momento.

La comida llega y los emparedados del tamaño del plato son colocados delante nuestro. Levanto la vista a la morocha mientras acomodo la servilleta como correspondía. —¿Cual te pediste? El mió es de ternera picada, cebolla, queso y huevo. Pero te enseñaré un secreto de la cocina, o por lo menos para los emparedados— Le digo mientras tomo la mayonesa y al abrir el emparedado le pongo a uno de los panes. —Quedan mucho mas ricos con papas— Tomo un puñado del gran plato de papas fritas que estaban entre los dos y lo pongo dentro del emparedado. Lo vuelvo a cerra y lo aplasto para que pareciera que se podía comer de una manera correspondiente. Algo imposible. —¿Quieres probar?— Le preguntó mientras yo como unas papas, y así ella podía probarlo antes de que le de yo mismo un mordisco.




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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por W. Raven Seeber el 9th Diciembre 2014, 8:00 pm

Le causaba gracia imaginar a un padre como Nash, por lo que decía no era el típico padre convencional, quizás el único punto en común con los padres de antaño y los futuros era el amor por su hija que profesaba en sus palabras, sus gestos y su iris brillante cada vez que hablaba de la pequeña. La difunta esposa del profesor era una mujer hermosa, aún la recordaba, Raven deseó verse tan hermosa como ella el día de su boda, en un futuro un tanto lejano, pero igual de brillante, de celestial que Sasha, no resaltaba por el vestido, el maquillaje o los tacos altos, resaltaba por su aura, por algo que ya venía en ella y que seguramente había sido el detonante que había atrapado a Nashvel. La niña debía de ser muy parecida, o quizás una mezcla de sus padres, ansiaba conocerla, de alguna manera le daba curiosidad. No puede evitar reír mientras escucha su historia del pez, se hacía la imagen de un joven de ojos azules esperando a que la pequeña no saliera del cuarto para dejar en el agua a un pez parecido al anterior, le extrañaba que la pequeña no se diera cuenta, los niños eran muy detallistas, aunque seguramente tal unión, confianza y costumbre había hecho que el padre supiera como engañar a su hija para que no sufriera con esos detalles que, para su edad, eran una tragedia.

Él tenía razón, no solo por su argumento, sino por el de su madre, la misma Jacqueline decía que no se anotaba porque en su época era peligroso, que ahora no era raro incluso ver a las autoridades ayudando a los muchachos o simplemente pasando de largo y haciendo como si nada hubiera pasado. A Raven le gustaba pensar que más por monotonía era que a cualquiera le gusta ver la navidad más allá que en sus casas, salir a la calle y ver luces, muñecos y árboles decorados debía ser más hermoso y probablemente seguirías en un mundo de magia más allá de las cuatro paredes del hogar. Jacque no había hecho ademán de querer colocar la navidad ese año, Nina lo sabía porque años anteriores ya para esas fechas mínimo habían comprado todos los detalles y esperaban a que las clases disminuyeran el ritmo para empezar a arreglar el salón, el árbol y poco a poco hasta llenar la gran mansión de vida. Ella alza la mirada y lo observa frunciendo el ceño un poco, su último comentario no había sido como ella esperaba que fuera, su ánimo no era el correspondiente y la castaña sabía la respuesta, una que no se sentía preparada para enfrentar frente a él. —Prometo que este año te va a gustar, hemos comprado muchas cosas bonitas, se va a ver muy bien, es bueno que vayas. Voy a estar ahí por si… no lo sé, necesitas ayuda—. Iba a hablar de la incomodidad que probablemente sufriría en medio de jóvenes que alegremente decoraban las calles, pero prefirió no hacerlo así que simplemente sustituyó sus palabras que básicamente expresaban lo mismo y cerró con una sonrisa dando otro sorbo al jugo de naranja que estaba en el punto exacto en que le gustaba, con poca azúcar y a temperatura ambiente. Ríe, su padre al principio era así con ella, Nina recordaba lo mucho que le enojaba a Will que rayara sus libretas o las paredes del estudio, luego se acostumbró y empezó a comprarle cuadernos y lienzos, incluso admiraba las obras de su hija y le decía como mejor, algo que para una niña de casi cuatro años era el consejo de un experto. Su madre pintaba sin cesar y trataba de que los desastres de la castaña no fueran evidentes para las visitas. Solo le importaron sus obras cuando la metió en uno de los tantos cursos de pintura y Raven obtuvo éxitos en su primera presentación. —No tendrías que hacerlo, de eso se trata, podría promover un espacio para los niños, es lo divertido de que pinten, que nadie les diga que no pueden hacerlo. Igual tengo varios cuadernos en mi casa, imprimía muchos dibujos que nunca terminé de colorear, puede que en la semana te los entregue a ver si le gustan a Hanna y se aparta un poco de las paredes.

Los emparedados llegan y con el aroma penetrante hacen que Raven se dé cuenta de que en verdad necesitaba comer y que no sabía cuánto tiempo llevaba escondiendo el voraz apetito que reinaba entre las paredes de su estómago.  Los emparedados están perfectamente presentables, picados a la mitad, el de ella trae los tres tipos de salsa, el de Nash una especial, Nina se sonroja un poco cuando ve que su comida parece un poco más grande, agradece que su metabolismo es privilegiado y que su profesor no hacía caso a esos detalles. Antes de que responda frunce el ceño con evidente curiosidad y escucha su “consejo”. La muchacha tiene que ladear el rostro para poder entender y ríe arrugando la nariz. —Creo que Pyt hacía eso con la merienda que nos mandaban al preescolar, o algo así recuerdo. El mío es de carne en trozos rúgula, tomate, queso manchego y huevo—. Cuando hace ademán de querer que ella pruebe Nina no se muestra muy convencida, la mezcla no le sonaba del todo pero se encoge de hombros y con cuidado pasa sus manos sobre la mesa y toma el pedazo que le tiende teniendo cuidado de no derramar la salsa en el proceso. Muerde con pausa y mira a un punto indefinido mientras mastica, en realidad no sabía mal, lo único extraño era el crujir de las papás pero el sabor no era nada desagradable, al terminar lo ve con la frente arrugada, una mueca de que no estaba convencida y no sabía que decir para lastimarlo, sin embargo no aguanta y niega con una sonrisa mientras termina de digerir. —Me gusta, creo que somos un buen equipo de cata de comida—. Afirma mientras da un sorbo a la bebida que esta por la mitad, agradecía que fueran generosos con las cantidades. —¿Quieres la mitad del mío?, una de mis amigas y yo solemos pedir dos platos que nos gusten y compartimos la mitad, prometo que si no te gusta puedes devolverlo, lo máximo que pueda pasar es que coma y tenga que rodar de regreso a casa—. Finaliza mordiéndose el labio, era más que evidente lo cómoda que estaba y quizás eso no fuera tan malo, perder desde un inicio las acostumbradas formalidades.


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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por Nash K. Fallamhain el 13th Diciembre 2014, 1:48 am

Soledad. Soledad es lo que te invade cuando sientes que todo lo que es cercano a ti muerte. Soledad es lo que sentí tras la muerte de Sasha. Una soledad que me consumía y me torturaba. En esa soledad solo podía saber una cosa, Hanna dependía de mi, y ese fue el motivo por el cual me levantaba y fingía seguir con una vida. La primera en aparecer había sido Carmen, aquella vecina que nos cuidaba como si fuera su hijo y Hanna su nieta. Fue una persona que no fingió entenderme, tampoco lo intento, sabía que era horrible perder un ser amado, ella había perdido a su esposo, su hija se había ido a otro país y no le hablaba, Carmen solo sabía que tenía tres nietos de parte de ella, pero nunca los había conocido, siquiera una foto tenía de ellos. En cuanto a su otro hijo, había muerto joven, drogas. La mujer había quedado sola, y aún así pretendía que no entendía mi pesar, pero tras mucho tiempo supe que lo entendía. Tarde en darme cuenta que esa soledad solo era una soledad que me imponía a mi mismo, que era la forma en la que prefería pensar las cosas, era el dolor de una perdida que cobraba vida en aquel triste sentimiento, pero no todo se pudo arreglar, había cosas en esos meses en los que había pensado así que no se habían marchado. Me había vuelto posesivo con la única cosa que me quedaba, con Hanna. La cuidaba como todo padre a una hija, pero no me agradaba que alguien mas se metiera en escena. La idea de Raven no sonaba mal, lo admitía, sabía que seguramente Hanna lo pasaría de maravilla, pero si ella quería pintar, yo podía comprarle pinturas, una tutora que le enseñara, o podría mandarla con otros niños a aprender. No quería, ni me sentía capacitado para cargar a alguien tan joven como la muchacha enfrente mío, para darle la responsabilidad de un niño pequeño, menos de mi Hanna. No era desconfianza, era que... hasta que no se tiene un niño uno no sabe como es la vida con ellos, yo no lo sabía hasta que tuve una hija, y estaba seguro que no había niños pequeños en la casa de los Seeber, y si había seguro ya les habían enseñado como comportarse.

—Iré de noche a decorar la ciudad, cuenta con eso, voy todo los años, creí que lo había mencionado, pero no creo que vaya a lo del mural, no quiero ser una carga, ni quisiera que se distrajeran de sus tareas por estar cuidando a una niña— Explico dando excusas vagas, y se que lo son, y también se que si Raven nota que no son del todo sólidas, entenderá que detrás de eso hay un 'no' rotundo que se mantendrá de esa forma por un largo tiempo. No era personal, era complicado, y las cosas complicadas, eran difíciles de explicar, y yo ya había tenido suficiente con eso. Explicar a Hanna que mama no volvería, y que no tendría una madre como todos, había sido la tarea mas difícil, la mas torturadora. También le había tenido que explicar que Carmen no era su abuela, pero la pequeña seguía llamando de esa forma a aquella mujer y ya no sabía como hacer para que lo entendiera, y se que había problemas cuando Carmen decía que no los había, pues veía la tristeza en sus ojos por mas de que seguía sonriendo con aquella humildad propia de ella. —Suena como una buena idea, pero creo que ese día tenemos una obra escolar, no quisiera que Hanna comenzará faltando a ellas desde primer año. De verdad no tienes que preocuparte, estoy bien y ella también, siento que no podamos ir, pero si necesitas gente que ayude puedo decirlo en mi clase, estoy seguro que mas de uno irá porque creerá que eso les sumará puntos cuando corrija sus exámenes.— Muestro una sonrisa rápida, y al sentir que se borraba con facilidad, tomo una papa y la llevo a mis labios para masticarla unas cuantas veces antes de tragar. Cuando trago pretendo que todo eso paso y sigo con el tema de conversación, esperando que ella hiciera lo mismo, y que no hubiera heredado los genes insistentes de su madre.

ver su expresión al probar el emparedado me saca una sonrisa natural. No todos miraban con buenos ojos eso, pero quienes habían vivido solos habían aprendido las combinaciones mas raras de comida. Recordaba la cantidad de veces que Sasha iba a verme para asegurarse que este comiendo bien y me encontraba comiendo sándwich de puré de papa, fideos con huevo o tostado de queso a causa de que el jamón se había acabado. También recordaba su enojo y como me decía que debía comer mas sano, que no sería joven toda la vida y que si seguía comiendo así mi estómago pediría un traslado. Lo consiguió después de todo, pero había viejos vicios que se mantenían a través del tiempo. Como había escuchado una vez, una persona puede cambiar de novia, de casa, de ciudad, pero nunca va a poder cambiar sus manías, sus pasiones, sus vicios. Me lo habían dicho cuando había intentado fingir que nada había pasado, me lo habían dicho para que siga adelante, no importa que es lo que pase, siempre siendo sincero conmigo mismo, eso era lo principal de todo. —Eres buena catando comidas, yo como lo que se encuentre en mi camino— Bromeo, para luego dudar ante su propuesta. ¿Era justo que ella probará lo que yo le ofrecía y no aceptar que intentará hacer lo mismo? No lo era, sabía esa respuesta, pero aún así dudaba. Humedezco mis labios observando sus ojos marrones por un buen momento. —Esta bien— Acepto hablando rápido, para no arrepentirme a mitad de esas únicas dos palabras que había soltado. Acerco mi plato al medio para que pueda retirar mi mitad, y que pueda pasarme la suya. La rúcula no era mi verdura favorita, pero ninguna lo era, y todas sabían bien entre dos panes. —Si dices que comes esto y sales rodando supongo que nunca has ido a uno de esos restaurantes chinos que compras comida por peso. Es genial cuando tienes hambre.... pero siempre esta la opción de que hayas calculado mal a la comida, o te quieras hacer el super comilón y acabes comprando mas comida de la que necesitas para alimentarte— Le comento, probando el emparedado que la joven había elegido. —No esta mal, no se me hubiera pedido, jamás— Es un alago, pero no estoy seguro de que haya sonado como tal. —Un día fue a uno de esos restaurantes con unos amigos, hicimos una apuesta, el que mas lograba comer, se llevaba todo el dinero que habíamos puesto y se encargaba de hacer un informe que nadie tenía ganas de hacer. Claro que mientras mas pesado era lo que comías, menos tenías que comer y mas posibilidades tenías de ganar. Ese día creo que fue el único día que creí que saldría rodando de un lugar, luego es solo una sensación. Además estabas bastante flaca, no deberías preocuparte por el físico— Agrego tras una mirada analítica entre lo que me permitía la mesa que estaba entre ambos.

Doy un sorbo a la limonada antes de tomar un nacho con queso y poner una papa arriba de todo eso para mandarlo dentro mío, y luego volver mi atención a ella, al ya no tener nada en mis manos que se pudiera caer en cualquier momento. —Y... ¿Porqué no me cuentas algo interesante de tu vida? ¿Qué haces en tu tiempo libre? A demás de estar en todos los clubes que ofrece la universidad— Había cierta clase de personas que no soportaban los silencios, otras que si lo hacían, yo estaba en el primer grupo, el silencio significaba que la otra persona tenía tiempo a pensar, y si tenía tiempo a pensar entonces acabaría encontrando defectos, que son los únicos que se encuentran cuando se mira algo con atención y se tiene el tiempo para observar. Le sonrió a medias, y doy una bocanada a mi propia mitad del emparedado sin saber cual de los dos estaba comiendo exactamente.




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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por W. Raven Seeber el 13th Diciembre 2014, 7:58 pm

Hierro, hierro solido. Nina veía en Nash un mural alto y fuerte que no se sentía preparada para cruzar o insistir en buscar una manera para hacerlo. No era formalidad, tampoco madurez, era una actitud, una que había tomado y que cualquiera podría haberla adaptado dada alguna circunstancia u otra. Sus ojos parecían ser tan expresivos, al igual que sus gestos y sus palabras, la muchacha estaba segura de que mas allá había algo, algo que no se mostraba, pero ella no era quien para seguir insistiendo y quedaría como una tonta inmadura si lo hacía. Su opinión no derivaba en Nashvel, ella solo pensaba en la niña, en algún momento le recordó las barreras que Jacqueline le ponía cada vez que quería jugar con los amigos de Pyter, quienes siempre fueron más parecidos a su hermano que a ella, por ende no eran aptos para relacionarse con los hermanos Seeber, por lo menos no con ella, de la misma manera era claro que el muchacho de ojos azules no lo hacía por los motivos de su madre, al contrario, su protección era más cálida, más cariñosa, no se fundamentaban en el qué dirán, cosa que siempre fue la principal preocupación de la decana. Winona no se siente preparada para seguir, si hubiera más confianza seguramente lo hubiese hecho, ni siquiera le hubieran interesado sus negativas, pero era una estudiante involucrándose en las decisiones y vida privada del profesor, era claro que no estaba en su derecho, ni tampoco conocía los trasfondos que llevaran a Nash a ser de esa manera. Cada palabra, cada oración larga, cada explicación la incomodaba, no por mal, era por ella misma, la castaña sentía que había dado en un punto delicado del profesor y que hacía que este diera tantos rodeos para no hacerla sentir mal en lugar de darle una respuesta clara, precisa y contundente. Eso no mejoraba las cosas, especialmente luego de que la joven Seeber pensara que era una hormiga frente a un héroe unos cuantos metros más que ella. Sin embargo escucha, presta atención y solo come algunas papas en el proceso manteniendo sus ojos marrones, suaves y amistosos fijos en el adulto que la acompañaba. Niega en cuanto termina de hablar, incluso empieza a mover su rostro mucho antes de las últimas oraciones, levanta su mano derecha un poco. —Entiendo, y en verdad no tienes de que preocuparte, no tienes que darme explicaciones de nada, es tu pequeña y… entiendo, no te preocupes, estaremos bien ese día.

Algo que le había enseñado su padre era el análisis, incluso su madre también tenía esa característica pero su padre la tornaba como una mera curiosidad y no la búsqueda de los puntos débiles del oponente para saber cómo atacar. Nina no sabía si estaba en lo cierto pero Nash no terminaba de confiar plenamente en ella, no se lo pedía, todo era fruto de un proceso, pero parecía pisar en falso cada vez que ella decía algo; la pintura, la comida, no sabía si era por ella o en general, de cualquier manera por un instante consideró ser más educada y retomar los patrones de educación normales de una alumna con un profesor y no de una joven cualquiera con uno de sus compañeros de clases, sin embargo el muchacho de cabello oscuro y ojos claros pereció aceptar y ella solo pudo esbozar una sonrisa, no sabía si fingía, prefería considerar que estaba progresando, aunque al menor rasgo de incomodidad ella actuaría, eso lo tenía claro. —He ido, con un amiga hace tiempo, pero comí muy poco, creo que ese es el detalle, no quería exagerar luego de que tuve una semana probando los platillos supuestamente vegetarianos de mamá—. Nina prueba su emparedado al mismo tiempo que Nash lo hace, en lo particular a ella le encanta y la mezcla de ambos sabores hace que se tarde un poco y no quiera terminar de comer tan rápido, da sorbos a la bebida y espera un poco antes de seguir. Inclina su rostro, no sabe si tomarlo como un halago, pero prefiere hacerlo antes de ponerse a dudar de nuevo y considerar, que en definitiva, era una perfecta tonta frente a su profesor. Lo escucha atentamente y al final solo ríe un poco. —Gracias, supongo, el detalle está en los deportes, imagino, eso o que tengo un buen metabolismo, el tenis ayuda bastante, me encanta, he intentado con el soccer pero temo ser tan torpe que caiga antes de iniciar el juego.

Raven come un poco y moja sus papas en la poca salsa que queda ya en plato, había colocado un poco en el emparedado y en esa parte no eran tan generosos. —Pues… a ver, me gusta la fotografía, creo que heredé eso por mi padre, le encantaba tomarnos fotos a mi y a mi hermano, pintar como ya sabes, ver películas… creo que podría ver series todo el día en casa, me conozco toda la cartelera, de hecho creo que fueron las películas las que me hicieron querer conocer los países a los que viajaba con mamá, ella me daba la oportunidad de elegir aunque no demasiado, por ejemplo una vez le pedí que me llevara al triángulo de las Bermudas porque estaba segura de encontrar a los exploradores que se perdieron o un universo paralelo—. Ella ríe con su comentario y alterna su mirada entre el hombre y su plato, estaba empezando a sentirse llena. —Mi sueño es viajar a Egipto, a las pirámides, los faraones, reyes y sus semejantes son mi debilidad, se que suena un poco tonto pero me gustaría estar ahí, porque luego de muchos años no importaría, pise el suelo de muchos seres que hicieron historia. De todos modos tendré que esperar a ahorrar suficiente, mis abuelos no soportan el calor, y mamá es algo claustrofóbica, uno de sus amigos fue y le contó la experiencia, ella se negó y me dijo que ni loca estaría en un lugar como ese. A veces creo que tengo un instinto de amor por la aventura que no he aprovechado, y Rusia, hay fotos… es… mágico—. Ahora movía sus manos y sus ojos brillaban, parecía enamorada del tema que había dado alas a su imaginación, cuando se dio cuenta de la velocidad de sus palabras negó volviendo a su plato. —Lo siento, a veces me emociono un poco con esas cosas… además creo que comí muy rápido.


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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por Nash K. Fallamhain el 14th Diciembre 2014, 2:42 am

El calor invadió mis venas, como si fueran llamas propagándose sin encontrar obstáculos que las detuvieran. Sacando el frío, no recordaba cuantas veces se habían ruborizado mis mejillas a causa de la vergüenza, cuantas veces había deseado que la tierra me tragara. Pero ahí estaba, y el calor de mis mejillas me indicaban que, éstas, posiblemente estuvieran de un color rosa. Uno acababa por formar carácter en la universidad, por eso los primeros años eran difíciles para algunos, pues era en esos años que uno encontraba el temple que era necesario para manejar una clase. Era mas que complicado encontrar un punto entre la amabilidad, las ganas de explicar y el no querer que lo pasen por encima. Yo no sabría decir como era que había encontrado el mío, no lo recordaba, solo sabía que había tardado en descubrirlo, pero luego ya surgía de manera natural. Era esa solidez y dureza que tomaban mis palabras, algo que no podía evitar, era el tono que utilizaba o quizá era mi mirada, quizá una mezcla de todo, pero al final los alumnos terminaban aceptando, como mucho a regañadientes. Pero Raven no era mi alumna, no debía tratarla de esa forma, sabía que había estado mal, por mas de no haber sido consciente de haber utilizado ese tono, pero sus ojos se apagaron por un segundo, y las comisuras curvadas de sus labios no mostraban alegría alguna. Me sentí mal, me sentí mal por ella. Abrí la boca para decir algo, pero el perdón no llego a mis labios. Por lo tanto tome el vaso y di un sorbo al mismo, curvando luego mis comisuras de los labios, y dejando que el tema fluyera y al final sea olvidado, por lo menos por ella, pues en mi mente pensaba que hasta que no viera que la morocha dejara de sentirse intimidada no me detendría.

Doy un bocado al emparedado mientras la escucho, y la sonrisa se amplia en mis labios. —Si quieres mi opinión nunca entendí a los vegetarianos y tampoco entendí la diferencia entre veganos, macrobioticos y no se que cosa mas inventaron ahora. Entiendo que cada cual tenga sus gustos, pero si comemos determinadas cosas es porque nuestro cuerpo nos esta pidiendo ciertas cosas que no fabricamos por nuestros propios medios y por eso necesitamos ingerirlas. Creo que es una forma de mutilarse a sí mismo. Tuve una amiga que era nutricionista, en realidad era amiga de Sasha, perdí contacto con ella después de... ella nos contaba que tenía cada problema con jóvenes que optaban por seguir la moda, y que acababan con problemas, a veces, para todo una vida. Hay que estar demasiado bien informado para tomar una decisión como esa, pero es una lastima que  no hayas pedido mas comida, siempre que escucho que la gente fue allí es porque fue para ver cuanto era que podía comer, para ponerse a prueba, y para tener un buen dato de cuanto podía comer en gramos— Recordaba perfectamente el día que había ido por primera vez, había una familia y la esposa iba anotando cuanto comían, estaba en algo de alimentos y estaba realizando una especie de censo para calcular cuanta comida tenía que preparar para poder calcular las raciones justas. Al principio me pareció demente, luego de pensarlo un rato, me siguió pareciendo de esa manera, pero ya tenía la noción de que en algún lugar debía tener sentido el planteo que la mujer había comentado ese mimos día. —Tenis no parece, pero creo que es uno de los deportes que mas agota. Estuve entre los competidores cuando fui estudiante, también estuve en basquet, y creo que si sobrevives a las clases de tenis puedes sobrevivir a cualquier deporte, sacando las danzas y las acrobacias, en tenis utilizas demasiado el equilibrio, una persona torpe no podría realizar ese deporte, por lo tanto puedes sacarte de la cabeza la idea de caerte si realizas aquel deporte, y, en caso de que te caigas, al menos abrías probado. ¿No te parece?—

Aprovecho el momento en que comienza a hablar ella para aplastar una de las mitades y comenzar a comer escuchando sus palabras. No todas las personas lo notaban, pero yo lo hacía siempre. Me gustaba ver como los ojos de una persona cambiaban de color dependiendo del tema que se hablaba. Como brillaban o se oscurecían, las sombras y las luces haciendo su magia. A veces pensaba que, de haber tenido que elegir otra carrera que no sea la que hubiera seguido, Oftanmología sería una de mis elecciones, o por lo menos estaría allí presente. Tenía cierta magia, ciertos resultados que eran dignos de apreciar. La joven de la joven también cambia, se nota mas fresca, mas joven, mas radiante. Se nota que le entusiasmaba todo lo que me contaba, y yo me esfuerzo para poder prestar atención a todo lo que comentaba. —¿Tienes un hermano? Creo que nunca había oído del él, en realidad creo que nunca escuche hablar de tu padre, creí que había muerto dado que Jacqueline jamás saca el tema a colación, pero tampoco me atreví a preguntar, no todas las personas son suficientemente flexibles para hablar de ciertas cosas— pregunto con curiosidad, mientras lleno el emparedado con mas papas dado que no me parecían suficientes, y el sabor de las mismas se perdía entre tanta carne. —Creo que encontré a alguien que me recomiende películas, que no sean de princesas o musicales, aunque agradezco que Carmen, mi vecina, venga cada tanto a casa y cumpla esa tarea por mi, a veces creo que mi cabeza va a explotar al ritmo de una de esas melodías. Pero no me recomiendes 'Frozen', creo que te puedo cantar de memoria todas las canciones— Bromeo sin sentir vergüenza o pena por mi mismo. Ser padre de una niña no siempre era fácil, pero estaba seguro de que si Sasha aún estuviera con nosotros, de igual manera tendría esas canciones taladrando mis oídos, por mas de que no todas las películas eran tan malas, cada tanto una era entretenida.

—Viajar es un buen hobbie, mas cuando un es joven. De pequeño solía acompañar a mi padre en sus viajes de negocios, después me aburrí y deje de ir, pero si salía de vacaciones con mis amigos. Nunca conocí Egipto, pero si pase por el triangulo de las bermudas cuando fuimos a centro américa, pero fue una excursión de un día o dos para que podamos decir que pasamos por el lugar. Si te puedo decir que Grecia y Roma son maravillosas ciudades que conocer, y los guías hacen que sientas que viajaste en el tiempo hasta aquellas épocas. Pero los lugares que mas recuerdo son Berlín, Venecia y París, por lo tanto solo te puedo recomendar que no vayas a Rusia en pleno invierno, pero por algo que leí en los periódicos y es porque las temperaturas bajan hasta tomar nivel en los que no creo que la vida humana sea posible. Imagina que usan abrigos de pieles porque es la única forma que tienen para mantenerse abrigados— Tomo una pausa para beber un poco mas de limonada, y comer un par mas de papas. —No te molestes, me agrada escucharte hablar de esa forma, me recuerda que tienes veinte, a veces cuando hablas pareces mayor, ¿Ya te lo han dicho o estoy siendo el primer desubicado que dice tal cosa?— Alzo una ceja curvando la otra de una manera graciosa y luego sonrió sin emitir sonido alguno. —Es un cumplido en realidad, pocas chicas a tu edad suelen ser maduras, creo que deberían ser la mayor parte del porcentaje de las jóvenes, pero no es así. Pero, volviendo al tema, me agrada escuchar tu entusiasmo, creo que el de cualquier persona, es lo que hace que uno se interese en la conversación preguntándose porque interesa tanto, y creo que el que esta hablando de mas ahora soy yo— Me corto al notar que no tenía idea como acabar esa frase, además de que tenía esa sensación que me indicaba que me estaba metiendo en problemas solo, de manera tal que no podía culpar a nadie mas por eso. Doy un mordisco al emparedado frenandome de continuar hablando y así poder darle espacio también a ella.




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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por W. Raven Seeber el 14th Diciembre 2014, 8:35 pm

Nash parecía dispuesto, consiente o inconscientemente, a hacerla sentir mejor, por lo menos mientras ella siguiera comentando que no era digna de las cosas que practicaba o que simplemente todo le resultaba torpe y descuidado a sus ojos. No sabía si era porque se había dado cuenta de que ella se incomodó por un momento, en ese caso se sintió apenada, no pretendía que algo así pasara y mucho menos ser tan obvia, aunque era probable que no lo hubiera sido ante cualquier ojo humano, pero cuando hablamos de profesores que están destinados a conocer a sus alumnos era seguro que varias cosas se hubiesen salido de las manos de Raven e hicieron que Nashvel se diera cuenta. Sabe que no va a lograr mucho pidiendo disculpas, mas que no podía negar la verdad y no pretendía ser hipócrita y quedar peor, así que se dedica a sus palabras e intenta relajarse en medio de la incertidumbre. —Si, tienes razón, es decir, lo digo porque nunca habría imaginado practicar tenis, de pequeña me caía por cualquier cosa, era por eso que mamá en lugar de deportes prefería artes, música, incluso yoga y esas cosas, era lo más extremo, creo que se dio cuenta que era algo coordinada luego del ballet, solo que mis pies no pudieron soportarlo más, no es tan hermoso como se piensa tras la tarima. No era muy buena con los instrumentos, de hecho hace días fui con mi mejor amiga a tomar algo y terminamos en una de kareoke, canté… algo que nunca había hecho, solo Liv es capaz de hacer esas cosas, es la presidenta de las Diphda, es una chica excelente, de resto no recuerdo mucho, solo que desperté en su habitación porque pedimos una ronda de chupitos y si llegaba así a casa probablemente mi madre hubiera muerto a la primera.

Nina, al igual que él, come un poco, sin embargo su estómago empieza a carecer de espacio suficiente por lo que el ritmo se torna más y más lento y deja un poco menos de la mitad de su propia parte del emparedado, picando solamente las papas y dando varios sorbos al jugo que seguía frío y con el mismo sabor de hacía un momento. El tema de Pyter hace que un pequeño hueco aparezca en su estómago, se mezcla, se mueve, las palabras de Nash son pocas pero a ella se les hacen eternas las preguntas que no sabía exactamente como responder. Se toma unos segundos y termina el jugo de naranja, sabía que estaba retrasando el momento, o quizás se había distraído buscando como hacerlo. Sonríe y suelta una pequeña risa ante lo último, no tan amplia como quería, Nina tenía debilidad por los pequeños y las películas de niños pero la sola mención de que esa era la imagen que Jacque daba a los demás de su esposo y su hijo no ayudaba demasiado. Considerar como muerto a alguien que estaba vivo era un insulto. —Si… bueno… papá y mamá se divorciaron cuando yo era pequeña, mi hermano Pyter es el mayor, somos muy parecidos, al menos físicamente, él estudia ciencias, quizás lo conoces, está en esos clubes, se llama Pyter… Chamberlain, de hecho es mi apellido solo que mamá en todo me registra como Raven Seeber. Papá se volvió a casar y Pyter… Pyt tuvo que irse con él cuando era pequeño, no nos vimos más hasta ahora… teníamos vidas diferentes—. Y ella no quería profundizar pero era evidente que había espacios que tenía que llenar con información clara y no con tantos rodeos. El dedo índice de la muchacha se mueve en los bordes del vaso y pocas veces se fija con profundidad en la mirada de Nash. —Soy más parecida a mamá, pero papá trabaja en la parte científica también, eso lo heredó mi hermano de él. Will, mi padre, era todo el opuesto a mi madre, le gustaba estar en el parque con nosotros, en la naturaleza, no en las fiestas y talleres que mi madre tanto admiraba y a los que nos llevaba, Pyter lo odiaba por completo, yo podía disimular. En pocos días es el cumpleaños de papá, de hecho le prometí a mi hermano que iría pero… tengo miedo aún, aunque decidí que no voy a faltarle—. Y esta vez la curvatura en los finos labios bañados de un tenue brillo se hace más ancha.

Luego Raven puede relajarse un poco, especialmente cuando él se une a ella y habla de viajes y esas cosas, ella se mantiene atenta e incluso apoya uno de sus codos en el apoyo de la silla y luego inclina su rostro recostándolo en su mano, parecía interesada, lo estaba de hecho, uno de sus temas favoritos eran los viajes y lugares en el mundo que no había conocido. Había visitado mucho con su madre, incluso más de lo que había visto cuando eran una familia de cuatro personas, pero desde que Jacque fue nombrada decana, Nina no tuvo oportunidad de ir con ella de viaje y estaba claro que se sentía un tanto insegura al ir sola. —Es útil la información, tendré que cuidarme cuando vaya, aunque espero poder ir cuando no haga tanto frío, no apoyo las pieles y esas cosas, una de mis amigas me mataría si lo sabe, y no me sentiría muy bien llevando a quien fue un ser vivo sobre mi cuerpo—. Comenta negando con el ceño fruncido y una clara sonrisa en sus labios, quizás a los oídos del profesor sonara muy tonto. Por alguna razón sus mejillas se sonrojan, no con intensidad, pero si lo suficiente como para que la pequeña luz que los iluminaba lo hiciera evidente, no era un piropo, tampoco un halago claro, pero para Raven que alguien le dijera que era una adolescente normal le hacía sentir que en verdad estaba haciendo bien su trabajo en cambiar de la chica que entró a inicios de curso hasta ahora. —Para mi si es un halago, créeme, gracias entonces, es bueno saber que las cosas si están saliendo como quería—. Lo escucha e iba a responder pero la chica, Mackenzie, ella, se acerca a ver si todo estaba bien y si querían algo de los postres que ofrecían, Nina sentía que iba a explotar pero también tenía antojo de algo dulce, algo con chocolate probablemente. —Si… solo que… voy a dejar que él escoja, así que cualquier cosa que pida me la puedes traer a mí, con un agua adicional si no hay problema—. Y esta vez la rubia se fija en Nash mientras espera, Nina lo hace con una sonrisa retadora a ver que pediría esta vez.



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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por Nash K. Fallamhain el 15th Diciembre 2014, 3:08 pm

¿Cuántas eran las veces que me había despertado sin recordar nada de la noche anterior? ¿Cuántas veces había tardado en reconocer donde me encontraba? ¿Cuántas me tuvieron que decir? No cambiaría esos años por nada, diversión, fiestas y descontrol, recordaba los buenos momentos, también los malos, los errores, algunas peleas, no lo volvería hacer, tampoco recomendaría hacerlo, pero debía admitir que la había pasado bien, a pesar de que algunas veces había dicho 'nunca mas', una promesa que rompí hasta que la respete, y esas palabras se volvieron reales. Pero había algo en la forma en la que Raven comentaba su aventura, que causaba gracia, como si para ella no fuera nada común perder el conocimiento y olvidar la noche anterior tras varias copas del alcohol. Sonrió, pero no de manera insultiva, sonrió porque cada vez estaba mas seguro de que la joven frente a mi, era de esas personas que no se consiguen en todos lados, pero que es tal cual como todos quieren que sean los jóvenes. —He escuchado hablar de ella, lo suficiente, la sala de profesores a veces es un gallinero donde no paran de hablar de los estudiantes, pero presto atención cuando hablan de algunos. Ese nombre sale algunas veces, creo que la primera vez que lo escuche fue porque tu amiga le había sacado la razón a un profesor, y este estaba enojado por la terquedad de la chica, creo que al final la que tenía razón era tu amiga, pero no preste demasiada atención, pero si escuche decir que mantenía buenas calificaciones para mantener la vida que llevaba, me llamo la atención, creo que a todos. Pero ahora conozco una versión mas entretenida de ella, por lo que escuchaba decir, a veces creía que esa chica debería ser un robot— Bromeo intentando que no sonara como un ataque hacía la joven rubia que lideraba a las Diphdas, porque sabía que si hacía ese comentario en la sala de profesores, mas de uno podría atacarme como si hubiera tirado una granada.

Vuelvo a agarrar el emparedado para terminar una de las mitad mientras escucho su historia. Hago una mueca sin saber bien que decir. A diferencia de la vida de la que a veces me quejaba, mi madre me había abandonado, pero no la recordaba, no la recordaba para nada, tenía esa suerte, no había sufrido peleas, gritos en la casa ni nada por el estilo. —Fue alumno cuando yo estaba como ayudante de cátedra— Explico tomando mi tiempo para dar un sorbo a lo que quedaba de limonada. —Un chico algo tímido, pero con una mente capaz de lograr todos los objetivos de la materia. Creo que no le gustaba llamar la atención, pero los estudiantes que aprueban de esa manera, siempre llaman la atención— Le digo como si eso hiciera que ella conociera un poco mas a su hermano, como si no lo supiera o como si eso arreglara todos los problemas. —No puedo pretender que se lo que se siente que los padres se divorcien, o lo que se siente al ser alejada de tu hermano, no puedo, fui hijo único, ni siquiera puedo decir que comprendo lo que es tener uno. Pero igual siento que hayas tenido que pasar por eso, y ahora se porque nadie mas habla del tema con Jacqueline, debe ser duro perder a un hijo, yo no imaginaría la vida es Hanna.— Y eso si podía llegar a entenderlo, una vez alguien me había preguntado que haría si podía volver el tiempo atrás, me pregunto si corregiría todos mis errores, tuve que aceptar que no lo haría. Errores cometemos todas las personas, pero de errores pueden salir cosas hermosas, Hanna era lo que muchos llamaban un error, y no es algo que yo podría arreglar, era perfecta, para mi por lo menos. Ella era mi pequeño tesoro que cuidaría por el resto de mi vida, y de eso estaba mas que seguro, mi vida no sería lo mismo sin esa pequeña.

—Te contaré un secreto. Hay una persona que es como mi abuela, su nombre es Meridia, es de esas ancianitas de pequeña estatura y pelo cano, un día estaba entre hacer una cosa o no hacerla, no estaba seguro de si era lo que quería. Meridia me dijo que la respuesta se podía encontrar tras la respuesta a una pregunta. Entonces me enseño que cuando no sabes si hacer algo, debes preguntarte que puedes perder, si no pierdes nada, entonces vale la pena intentarlo, si pierdes algo si algo sale mal, entonces te tienes que hacer otra pregunta, ¿Qué ganas? Si ves que lo que puedes llegar a ganar es mas de lo que puedes llegar a perder, entonces hazlo, no lo dudes. Y si no es mas, entonces ahí decide que quieres hacer, tira una moneda o algo.— Era lo que me había ayudado mas de una vez para poder decidirme, era mi receta secreta que solo compartía con poca gente y solo si veía que lo necesitaban. —A veces requiere un poco de valentía, pero sin la misma creo que nunca hubiéramos llegado a ningún lugar como sociedad, y por lo que me dijiste, se que eres algo valiente si te subiste a un escenario a cantar solo porque una amiga te lo dijo— Agrego para sonar un poco mas convincente en mis palabras, y le sonrió esperando que lo entendiera. Pero había algo, se sentía como una aguja clavándose en mi pecho, que me recordaba las veces que mi padre me había invitado a volver a casa y no lo había aceptado por rencor. Ignoro esa sensación por el momento, pero se que es algo con lo que debería luchar después, de nada valía dar consejos, si uno mismo no le hacía caso a lo que decía.

Vuelvo a reír ante su respuesta, divertido por las palabras que la joven dedicaba. —Bueno, siempre esta la posibilidad de quedarse dentro del hotel, con la calefacción y mirando películas, pero eso es algo que puedes hacer aquí tranquilamente— Bromeo aún con la sonrisa divertida en mis labios, imaginando a la chica cubierta de mantas para no llevar pieles. Por mi mente imaginaba que la gente de esa zona ya debería estar acostumbrado a eso, no como nosotros, no como las personas de ciudades en las que solo nevaba en invierno, y con un par de abrigos se podía llevar el frío. —No hay de que— Respondo con el ceño a medio fruncir para luego sonreír y sacudir un poco la cabeza. Cada joven que veía tenía sus problemas, no imaginaba la razón por la que Raven sería diferente, pero en mi mente me debatía entre indagar en el tema, o dejarlo pasar. Mackenzie regreso en ese momento, y le entregué el plato que había vaciado hacía unos minutos. Entorno mis ojos, pero con una sonrisa asomando por mis labios, como si quisiera descubrir que es lo que la joven pediría de tener la libertad, al final me vuelvo a la moza. —Te pido un volcán de chocolate con helado de chocolate y charlotte, para compartir y también te pido un vaso de agua— La mujer asiente y se retira llevándose consigo los vasos, me vuelvo a Raven. —la última vez que pedí eso, creí que ni multiplicado por tres podría acabarlo, pero era bastante delicioso— Explico haciendo un gesto de lado como si fueran las palabras que deberían explicar todo. —¿Porque dices que es un halago?— Pregunto sin poder con mi propio genio. —Que te diga que eres como una adolescente normal.— Agrego por si la chica no entendía a que me refería. —Lo siento, no tienes que responder, se que no es mi problema, pero me había quedado picando esa respuesta, parecías feliz de que hubiera dicho algo como eso—




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Re: Just close your eyes - W. Raven Seeber

Mensaje por W. Raven Seeber el 15th Diciembre 2014, 4:20 pm

Escuchar hablar de su hermano era como presenciar el cuento que jamás fue contado y que, luego de muchos años, estaba escuchando de la boca de un perfecto extraño. Incluso desde los labios de Nash, la vida de Pyter y todos los datos que le pudiera proporcionar al respecto se oían fascinantes. La castaña recordaba cuan atenta estuvo el día que volvió a hablar con su hermano y este no dejó de contarle detalles de su vida, como había cambiado, como antes le gustaba algo y en la actualidad le gustaba otra cosa, o incluso como habían detalles que seguían en él a pesar del tiempo. Era normal, ella se había quedado sin su hermano, sin su mejor amigo y había pasado toda su vida sola, ahora Pyt era un objeto fascinante, uno que admiraba, cada cosa la acercaba más a saber del chico. Sonríe cuando escucha las palabras de Nashvel porque sabía que a su hermano no le gustaba llamar la atención, nunca le gustó, él no tenía la culpa de ser tan brillante, y desde luego que lo era, incluso desde pequeño, Pyt siempre encontró la manera de sobresalir entre la multitud, sin desearlo realmente pero lo hacía, con sus conocimientos, su lógica, su razón, su optimismo, era una luz que brillaba con fuerza propia pero él no estaba claro de cuanto irradiaba y ahí radicada esa pureza. —Siempre fue inteligente, sigue siendo brillante, no lo dudo, tiene habilidades increíbles con los números, con la lógica, con todas esas cosas que a ustedes les gustan—. Lo siguiente hace que la chica disimuladamente muerda su labio inferior, no sabía si Nash lo decía por hacerla sentir mejor o porque de verdad imaginaba que Jacque se lamentó todos los días luego de la partida de su hijo. El docente, en cualquiera de ambas opciones, no tenía la culpa de ignorar lo que pasaba y ella no podía ser tan rústica de aclarárselo como en realidad no lo había pensado. Nunca había considerado que su madre extrañara a su hermano, no recordaba haberla visto llorar, tampoco mencionar a Pyter o hacer el intento por recuperarlo. Si bien mantuvo a los dos hermanos unos años unidos, Jacque no movió ni un dedo cuando Will se quedó con su hijo mayor, parece que su obsesión siempre fue tener a Raven, a su princesa, a su niña deseada. Nina no quería pensar más allá, no quería aventurarse a afirmar las cosas, pero estaba segura de que así había sido y que era un rencor oculto dentro de ella que nunca antes había sentido de esa forma, quizás porque días pasados solo culpaba a Pyter y eso la cegaba. —Si, no debe ser sencillo. Solo que Pyter siempre fue más unido a papá y mamá… siempre estuvo conmigo. Ella es dura de por sí pero asumo que la partida de Pyt no le extrañó—. Sus argumentos eran vagos y se estaba dando cuenta de que era un error seguir en lo mismo. —Nunca la vi realmente afectada, eso.

Nina abre sus ojos exageradamente cuando se da cuenta de el exceso de dulce que pide Nash, ríe con cierta inocencia, no sabía si iba a ser capaz de comerse todo lo que ofrecía ese postre, pero lo cierto es que su boca se había hecho agua y no podía esperar a verlo. —Acerté dejándolo elegir, profesor—. Comenta con una curvatura en sus labios y un formalismo bastante fingido ya que minutos antes ella lo había dejado atrás. Raven ve sus ojos de nuevo cuando hace aquella pregunta, era largo de explicar y se sentiría como una tonta si le decía al chico de ojos azules que era una promesa personal, una de cambiar a la chica que vestía como una anciana y que se comportaba como un títere a una normal que vestía de acuerdo a su edad y que no seguía los pasos de su madre. Había ido poco a poco, con su actitud y con su ropa, aunque quizás el segundo detalle fuera el más evidente ya que no muchos eran los que hablaban con la muchacha de cabellos castaños. Los jeans, las vans, su cabello despeinado, en ondas y con algunos broches bordados, las cintas… todo era parte de su modo de vida los últimos días y se sentía bien así, por mucho que su madre se opusiera y la amenazara, se distanciara y se amargara todas las noches. Podía responder con libertad pero seguramente al profesor solo le parecería un juego de niños, el deseo reprimido de una adolescente que nunca tuvo alas para volar. —Suena un poco tonto pero… hace algunas semanas vestía como mamá decía, mis amigas afirmaban que no era el atuendo para ir a clases, yo lo sentía, siempre ella quería que estuviera elegante, perfecta, limpia, pero me gustaba ensuciarme cuando pintaba, cuando cocinaba, y un vestido o faldas largas no me ayudaban. Empecé a cambiar y a comportarme como veía a otras chicas hacerlo, y no es por imitar, es porque… me sentí mejor así, Nash, me salía mejor que tener que estar con la espalda recta cuando estaba frente a mi madre, ¿entiendes? Y no solo en la ropa, eso hace que suene muy infantil, es en todo, en… mis amigos, mi hermano, quiero ser una chica normal, una que va a de compras, de fiesta, que duerme toda una tarde que… sale con chicos, incluso con mi hermano, quiero ser… justa con él, no lo fui y solo quiero recuperar tiempo y… no juzgar sin saber—. Su tono es serio cuando habla, mueve muy poco sus manos y mantiene su vista fija en los orbes azules que tan curiosos le resultaban.

Al terminar la mesera llega con los vasos de agua, Nina agradece asintiendo con la cabeza. Mackenzie dice que falta poco para traer el postre, en el proceso la muchacha abre el agua y derrama algunas gotas en la ropa antes de verterla en el vaso con hielo. —En fin, por eso fue un halago, porque que alguien lo note me hace sentir que si ha valido la pena, no importan las consecuencias—. Afirma con una sonrisa tímida pese a su torpeza mientras da un sorbo al agua y la muchacha rubia llega con el gran postre, y gran con todas sus letras porque ella tendría que olvidar todo lo que comió para terminar un postre como ese. —Se ve… perfecto—. Sus labios se mantienen entreabiertos y tiene que inclinarse para detallar la crema, el chocolate y los hilos que decoraban el plato con dos cucharillas. Toma una y prueba el helado, no estaba fuerte, le gustaba así, saborea la mezcla del helado y el sirup antes de tomar un poco de crema. —Tienes un gusto… muy especial, en serio.


“Above all, don't lie to yourself. The man who lies to himself and listens to his own lie comes to a point that he cannot distinguish the truth within him, or around him, and so loses all respect for himself and for others. And having no respect he ceases to love.”


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